jueves, septiembre 10, 2009

Hoy sólo quisiera morirme. Sin poesía.

sábado, septiembre 05, 2009

Me dueles

Me dueles cuando te espero, cuando dudo cuànto sonrìes. En los momentos en que no sé si soy lo mejor que pudiste tener, cuando me resisto a pensar que me amas por sobre todo, ante todo.

¿Còmo hago para que me entiendas?

viernes, septiembre 04, 2009

Jueves de pesero

Los jueves la camioneta de Ivonne no circula. Por ende, yo circulo en el trolebús de eje 7 que en exactamente 5 minutos me deja en la esquina de mi trabajo. Es una especie de placer extraño, porque por años no me subí a un pesero, hasta el año pasado, cuando los jueves se hizo necesario.

Cada jueves se ha vuelto una aventura para mi, lejana a la tranquilidad y al cd a todo lo que da en mi carro. Subo y tengo que agarrarme en chinga, pasarme el messenger bag al frente y, nomás por no dejar, adivinar entre las cabezas si hay algún lugar para sentarse, o un esquina para no sentirme torteado por el paso de todos los que se suben. Cuando encuentro un lugar bueno, me gusta observar las caras de mis compañeros de viaje en tan comunista transporte.

Hay señoras muy arregladas, estudiantes, personas muy mayores, gente con la cara de quién no encuentra empleo, y gente con una expresión de tanto relax que invariablemnte trato de imaginarme qué pasa por su cabeza para no sentir estrés.

Los vendedores son cosa aparte, y justo por ellos pensé en escribir sobre mis jueves. Ya me sé de memoria a la chava que se sube entre Insurgentes y Amores a pedir para comprar "gasas y material de curación para el equipo de rescate en el que trabaja" (sic), un guitarrista con el talento que yo tengo para hacer dietas, una mujer que aterra un poco y que cuenta unos cuentos sin sentido, el chavo que vende chocoloates porque dice ser VIH positivo, y uno que otro vendedor de cds con una grabadora colgada al cuello.

El regreso es casi siempre en aventón, en taxi o caminando, pero anoche por alguna razón luego de caminar dos cuadras, mis pies se negaron a seguir. Entonces paré un micro, mucho más pequeño que el trolebús que tomo en las mañanas, y ya arriba había un chavito vendiendo "obleas rellenas de crema de cacachuate marca La Rosa".

Si hubiera estado bañado y bien vestido, el chavo sería igualito a cualquiera de los modelos que contratamos para las portadas de los suplementos. Aún así, llamaba la atención. Me fijé en la cara de una señora que iba con sus esposo, no dejaba de mirarlo, como hipnotizada por él. Dos chavitas adolescentes se daban de codazos, y los chavitos que las acompañaban veían sólo de reojo como sin reparar en que el galán vendedor les quitaba la atención de sus prospectos.

El poder de la belleza es cierto. No miento cuando digo que el 80 por ciento de los pasajeros le compró algo, récord más alto que haya visto logrado por cualquier vendedor de camión en mis jueves de camiones.

jueves, septiembre 03, 2009

La felicidad existe. Hoy lo recordé. Hacía mucho no veía que un esposo describiera de una forma tan hermosa a su esposa, y sentí tal asombro, que de repente me sentí otro. Me asombró algo que era normal para mi antes, básico, plataforma de mi vida. Recuerdo las risas alguna vez que dije que me sentía la persona más feliz del mundo, pero yo no sólo lo creía, lo era.

El recuerdo se desató por un estado de facebook de un primo: "has been married to the coolest person on earth for 3 years". Y pensé que eso no sería algo que pondrían de mí jamás.