El lunes 4 de enero de 2010, a las 3 y tantos de la tarde, vi a Dios. Estaba ahì, como en espera de ser visitado en Roberto Barrios, un pueblo zapatista del norte de Chiapas. Siempre en el agua, recordè que es la segunda vez que lo veo de esa forma. Claramente. No, no estoy loco ni alucino, sólo fui sensible.
Dios se veìa majestuoso. Humilde, pero espectacular, parecìa decirme que estaba ahì y todos lo sabían en el pueblo, pero que su constante eco había hecho que los pobladores, que piden monedas a los visitantes, lo olvidaran.
¡Cómo se puede olvidar que Dios vive en tu pueblo! pensé. "Como tú te olvidaste de ti", susurrò entre cascadas. Como olvidé que las horas se convierten en años. Como olvidè soñar.
Y Dios se dio la vuelta y se fue.