jueves, abril 30, 2009

Añoranza del niño que no fue

Si no ha sido por la casualidad, o màs bien por el trabajo, no me hubierda dado cuenta de que hoy es dìa del niño. O Dìa del Niño, como se estila en mi chamba. Nòtese el uso de altas y bajas. Hoy recibì una felicitaciòn, una sola, por mensaje de cel. Era Chayo, prima de Chicago, que sè que en el fondo es una niña tambièn. Pero eso fue porque està lejos, y me ve en cada boda, o en cada funeral, y de alguna forma cree que lo sigo siendo. Lo mismo me dijo antes otra prima, Yadira, ¨teenager¨, fue la palabra que utilizó, pero ella està en Los Àngeles y aplica la misma teorìa.

Nadie que trabaja conmigo puede decir que ese niño sigue ahì, y duele gachito. Cuando estaba en segundo de secundaria, a los 12 años (sì, fui un niño precoz, y no en el sentido màs divertido), ganè una especie de premio porque era el que habìa juntado màs chupones. Entre màs creìas que uno de tus pubertos amigos era un niño, màs chupones le dabas. Y yo traìa el cuello como gringa tetona en carnaval de New Orlèans, antes de Katrina. Y me sentìa, estùpidamente, tan orgulloso. Algo bueno tenìa que significar eso.

Pero no era garantía de lo que pasaría, de cuànto le durarìa al puberto el alma de niño. Yo me atrevo a decir que fue hasta los 22 o 23, cuando en un cierre el niño descubriò que la camisa le apretaba de la lonja, y al pasarse la mano por la cabeza sintiò menos pelo. Eran como las 11 de la noche, y debìa una portada de Salud. Despuès, tenìa que ir a ver a una noviecita nueva, con la que sentìa màs cosquillas de lo normal, y con la que años despuès se casaba en medio de seguridades y desencantos. Yo creo que fue ese dìa, si es que tengo que buscar una fecha.

Desde entonces, no han vuelto al cuello chupones, y no quiero que vuelvan los de hijos, si es que alguna vez hay, hasta no ponerme yo uno y reìrme de nuevo de mì mismo, y escribir libros en libretas, coleccionar sellos postales de USA, comer tierra de hormigueros, bañarme en las tardes en un rìo y ver Transformers, Dinoplatìvolos y hasta Candy sin sentimiento de culpa.

jueves, abril 23, 2009

Would it be a sin?

Some things are meant to be... is that for real? And is a fact that only fools rush in? I´m not sure of anything at 2 am. I only know that my life is not going anywhere, or at least not where I want to.

jueves, abril 16, 2009

Las sillas de Edgardo

Hacía mucho no soltaba una carcajada sonora, de esas que salen como si partieran el pecho y la garganta. Qué bueno saber que los 23 pesos invertidos en una silla de cuestionabilísima calidad en un Chedraui de Villahermosa hace ya casi... ¡14 años, no mames!, cuando entré a la Universidad; me hiciera el día tantos años después.

Debo empezar con la chispa que desató el recuerdo. Era una tarde como cualquier otra, bajo la barra de luz blanca que ve caerse a diario mi alguna vez salvaje y abundante cabellera. Era miércoles y Edgardo venía a Consejo, pero no fuimos al cine como tantas otras veces. Hablábamos de bizarridades con Sandy, y ante tan singulares temas salió el de las caídas.

Edgardo recordaba que en la entrada de su casa hay una pendiente, y que en más de una ocasión, al calor de las copas o sobrio, se ha recostado sobre ella y no precisamente para tomar el sol. El estruendo crecía, pues de ahí la anécdota se pasó a los tiempos en que empezaba a reportear, y fue a entrevistar a una viejecita que lo invitó a sentarse en una de dos primorosas y endebles sillas que, a la vista de Edgardo, eran antiguedades alemanas.

Sólo una mesa con una bonita carpeta tejida y flores de plástico lo separaban de su interlocutora, y el se posó sobre el tejido de mimbre de la silla. A mitad de la entrevista, el tejido de mimbre decidió dejar de existir, y a Edgardo se le encajó el trasero en el cuadro de madera, pero digno él, no dijo nada y continuó charlando.

Al terminar la entrevista, Edgardo no podía destrabar su aprisionado trasero, pero el destino quería reírse aún más de él, y de su trasero. Mientras empinaba una taza de te con el meñique al aire, la delicada silla crujió primero, para luego dar paso a un estrepitosa explosión.

Las carcajadas mientras nos contaba el asunto nos hicieron merecedores de miradas inquisitivas alrededor de la oficina, pero bien valieron la pena.

Entonces recordé aquella silla blanca de plástico de Chedraui, que tenía una pata traicionera y que hizo pasar singulares escenas a muchos amigos que me visitaron en aquél departamento del centro de Villahermosa, y que nunca quité, maquiavélicamente, porque nos hacía a todos la tarde, aunque no sé qué tanto al que resultaba presa de su furia.

El escenario era así: alguien llegaba, y ante la falta de espacio dónde sentarse además de la cama, la silla del terror era requerida para platicar, chelear, terapear, hacer tarea o fumar a gusto. La pata delantera izquierda empezaba sigilosamente a doblarse, y como si supiera de protagonismos, la silla elegía el mejor momento para dar un reparo digno de chivo en castración, y aventaba a su ocupante hacia las alturas, impulsado por la fuerza de aquella pata que se resistía a quebrarse. Pocas veces en mi vida me he reído tanto y tan francamente, como niño que prepara una travesura y espera a que las piezas se acomoden.

De buena fuente sé que esa silla sigue haciendo de las suyas, porque hace algunos años que volví a aquél departamente que ahora ocupan otros 6 universitarios, amigos de los amigos de los amigos que fuimos cediendo nuestro turno al dejarlo, la vi arrinconada en la zotehuela, esperando quiza una fiesta y que alguien la requiera para descansar después de bailar.

jueves, abril 02, 2009

De Baco y erizos africanos

Baco es un perro salchicha, mascota de una anticuaria madrileña. Creo que nunca lo ha bañado, porque luego de medio minuto de sobarle las orejas y la panza, a mi nariz llegó un olor a burro muerto y asoleado. Salí disparado de su tienda sin mucho lugar en el cual lavarme las manos. Luego de un rato lo olvidé y comí tostas con los amigos chilenos de mi nueva amiga chilena que a su vez se disputaban la autoría de un nuevo amigo español.

Siguiendo su bizarridad acostumbrada, hace rato vino Adolfo con algo que llamé ratas egipcias, pero acabo de marcarle y me confirma que se llaman erizos africanos. Son bebés y están dormidos en una bolsa de papel, y sin atreverme mucho a tocarlos, él saco a uno de ellos y lo puso en mi mano. Ahora huelo a como olían mis pies con los pecueca shoes, y no tengo tiempo, ni ganas, de recorrer todo la empresa para llegar hasta el baño. Además, tengo como la presión baja y la tolerancia alta, así que esperaré paciente.

Encuentros

Era domingo en el rastro, en La Latina, en Madrid. De la mano de encuentros chilenos, con sabor a pasado y a presente, esperaba a la compra de una lámpara que en México llamaríamos kitch. Entonces mi mirada descubrió una cubierta de libro con tonos azules y verdes, con algo que parecía ser la palabra Corazón. Tan pronto como la tuve, rechacé la ilusión. No podía ser, y menos tan lejos de casa. Pero era. Estaba ahí junto a unos lps de Julio Iglesias y Mocedades, debajo de un montón de cacharros que casi ensuciaban la visión. Era Corazón, de Edmundo de Amicis, en su edición ilustrada de los 70s, el primer libro que leí en mi vida, y obra que según wikipedia "está construida para provocar la emoción y las lágrimas del joven lector". ¡Ya desde ahí! Será por eso que soy tan chilletas.

Me debatía entre si sacarlo de debajo de los cacharros, si tomarlo con una toalla, si atreverme a levantarlo, a hojearlo, siquiera a preguntar si tan valioso tesoro estaba a la venta. "5 euros, tío". Y entonces le hice honor a wikipedia y la vista se me nubló un poco. El libro está intacto. Tiene dentro un ticket de algo como El Corte Inglés, pero de una compra distinta. Las ilustraciones están como si hubieran sido pintadas ayer, y ahora está en mi casa, casi sujeto de estar en un altar.

No puedo esperar a sentarme y leer, como en aquél agosto de 1986, mientras me resistía a hacer la primera tarea de cuarto de primaria sentado en el escritorio de mi papá:
"Hoy ha sido el primer día de clase. Los tres meses de vacaciones,
que al principio me parecían tan largos, se han esfumado".