Era domingo en el rastro, en La Latina, en Madrid. De la mano de encuentros chilenos, con sabor a pasado y a presente, esperaba a la compra de una lámpara que en México llamaríamos kitch. Entonces mi mirada descubrió una cubierta de libro con tonos azules y verdes, con algo que parecía ser la palabra Corazón. Tan pronto como la tuve, rechacé la ilusión. No podía ser, y menos tan lejos de casa. Pero era. Estaba ahí junto a unos lps de Julio Iglesias y Mocedades, debajo de un montón de cacharros que casi ensuciaban la visión. Era Corazón, de Edmundo de Amicis, en su edición ilustrada de los 70s, el primer libro que leí en mi vida, y obra que según wikipedia "está construida para provocar la emoción y las lágrimas del joven lector". ¡Ya desde ahí! Será por eso que soy tan chilletas.
Me debatía entre si sacarlo de debajo de los cacharros, si tomarlo con una toalla, si atreverme a levantarlo, a hojearlo, siquiera a preguntar si tan valioso tesoro estaba a la venta. "5 euros, tío". Y entonces le hice honor a wikipedia y la vista se me nubló un poco. El libro está intacto. Tiene dentro un ticket de algo como El Corte Inglés, pero de una compra distinta. Las ilustraciones están como si hubieran sido pintadas ayer, y ahora está en mi casa, casi sujeto de estar en un altar.
No puedo esperar a sentarme y leer, como en aquél agosto de 1986, mientras me resistía a hacer la primera tarea de cuarto de primaria sentado en el escritorio de mi papá:
"Hoy ha sido el primer día de clase. Los tres meses de vacaciones,
que al principio me parecían tan largos, se han esfumado".
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