
"Si no tienes perro, no has vivido"
Lo más que recuerdo de perros es al Flaper. Nunca supe si Flaper o Flapper, mi pastor alemán blanco como la nieve que nació conmigo y me dejó a los 13. Qué lealtad mi Flaper. Había elegido no pensarte para no sufrirte. Y luego aquél al que "no sé porqué le pusimos Kendy si nunca le decimos Dogo". Se llamaba Oso. Muchos, muchos años después, ya en México, cuando veía a Max, (el de la foto) elegí no acercarme demasiado. Elegí no sentir de más a pesar de tener que llevarlo a pasear, a marcar cada árbol de Sor Juana, porque no estaba listo. Hoy no sé si lo estoy, pero definitivamente veo a un hijo del Droopy en mi casa, que se suba a mis piernas y me reciba al final de un día en que el Tata me haya hecho sentir que soy un menso, y me recuerde que la vida es eso, mi opinión y no la de alguien más.