jueves, diciembre 06, 2007

¿Conviertiéndome en mi?

Llegó un punto de mi vida en que dejé de ser yo. Una mañana desperté y era un oficinista con panza, con calvicie incipiente. También tenía ojeras, y ese color que te da estar 12 horas sentado frente a una pc con una blanquecina luz morticia sobre tu cabeza. Tenía un carro económico, y me sabía la mejor ruta para llegar en menos de 15 minutos al periódico.

Esa mañana también me di cuenta de que esa persona en quien me había convertido no hacía nada por sí mismo. No sentía pena, no sentía pasión. Se sentía aplastado, devaluado, no amado. No era infeliz, pero tampoco feliz. No amaba como antes, no se sentía amado como antes. En algún momento perdió la seguridad, o se la hicieron perder. Es igual. Aprendió que la gente no tiene-debe-es noble como él era, porque él también dejó de serlo. Dejó de importarle al toparse con ideas cortas, con conformismo, con falta de inteligencia, con bajas pasiones, con infidelidades y con suciedad. Nada de eso había en su alma antes, nada de eso padeció jamás.

El oficinista un día planeó salir corriendo, pero para entonces le habían cortado las alas.

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