jueves, enero 15, 2009

De hadas y duendes

Ayer cumplí un año y medio de casado. Lo recordé por accidente, debo confesar. Entonces, un dije de hada se atravesó en mi camino gracias a Natalia, y acompañado de una pequeña nota, pensé en darle una sorpresa a Ivonne, porque estaba seguro de que tampoco se acordaba.
Llegué antes que ella, el departamento estaba muy frío. El duende prendió la chimenea, y atesoraba en su mano un hadita de plata para su autodenominada y bautizada hada, fanática de sus colegas. Pero la chispa no sólo no prendió, se apagó.
Mil intentos por llamarla y un mensaje de texto para que se uniera al club, que al final no fue de Toby, respondidos por una seca llamada la noche anterior había sentado el precedente. Y había New Kids on the Block en la tele, y el hada tenía que verlos, mientras el duende hojeaba revistas porno para sacar ideas de temas para el suple de Sexo, con cero sensación de excitación, como si de verdad fuera un duende y no un humano.
Y el duende se sintió raro porque nunca encontró un momento menos frío. Y entonces se fue a dormir junto a la chimenea, con el dije de hada entre las manos, pero no pudo soñar.

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