Cuando me subí al avión por la mañana del 1 de marzo, noté que el cinturón de seguridad me quedaba grande. Tenía un año y un mes en la Ciudad de México, y estaba muy delgado. Al documentar, conocí a Lizi Rodríguez, quién iba con su esposo y su familia. La encontré simpatiquísima.
Dormí todo el camino y me despertó una risa de Victoria Ruffo, quien reía con su esposo. La entrevisté en el área de espera de maletas del aeropuerto de Los Cabos, y al llegar al hotel, envié la nota a la agencia. Le pedí a una chica llamada Estrella que me marcara, porque costaba 180 pesos el minuto de larga distancia nacional, unos 17 dólares.
Salí a la alberca y me encontré a mis compañeros de viaje, todos con sus parejas. Así lo marcaba la invitación. Me encontré incluso a Claudia y Arturo, de Ciencia, quienes me saludaron como son ellos, muy atentos. Recuerdo que, por alguna razón, algún reportero de algún medio, quien estaba con un amigo o algo así, se rió de mis sandalias y short playero.
Me salí de la alberca y me fui a la orilla del mar. Tanta belleza y tanto vacío. Lo que yo sentía era una soledad del diablo. Metí los pies al mar y me fui a mi cuarto. Estaba en la planta baja, y daba a un jardín, y oía claramente el sonido de las olas. No quería llorar, ni podía. Estaba como bloqueado. Esa noche hubo una cena al aire libre, y recuerdo el tamaño de la Luna. Además, estaba rojiza. Le tomé muchas fotos.
Al día siguiente, un seminario. Recuerdo poco. Por la tarde, ballenas a bordo de un barco pirata en el que hacía mucho, mucho frío. Vi como las parejas se acurrucaban unas con otras y, mucho tiempo después, años de hecho, recordé que ahí te vi por primera vez.
Luego langosta, y una escala en el centro de Cabo San Lucas. Ahí te vi por segunda vez. Agitabas la mano incitando a todos a bajarse, ahí me fijé en tu sonrisa. Franca. Abierta. Yo no iba a bajarme. Hoy sé que me bajé por ti.
Luego un bar, tercera vez. Luego el Squid Roe. La Diosidencia. Bendita la hora. Una pista atestada que se volvió solo tuya y mía. 5 cervezas. Segundo piso. Cielo estrellado. Time of my life en el aire, no I never felt like this before, yes I swear it's the truth and I owe it all to you... Un beso con sabor a sal. ¿Cómo te llamas?
Literalmente, vimos estrellas, una luna de película de hombre lobo y una comunión de almas junto al mar. Nunca he sido más feliz. Me sentí tuyo abrazado a tu pecho, y te sentí mía. Nos despertó el frío de la playa. El resto es lo importante. Cuando el mar, la luna y las estrellas no están, ¿cuántas somos capaces de ver?
bendito el reloj que los puso puntuales ahi!
ResponderBorrarsaludos.