jueves, junio 10, 2010

Insomnio

Por si algo faltara, hay sangre en mi camisa. Tal vez saliò toda directita del corazòn, que hoy, no sè por què, adivino amarillo, hepàtico, como el hìgado de pollo del experimento de cuarto grado de primaria.

Mis dedos apestan. Mis sentimientos tambièn. Marchita, el alma sube la presiòn a 150 para tratar de no morir. Pero eso quiero.

Esta semana tuve dos duelos. El primero, darme cuenta de que para amar, ser pendejo serìa maravilloso, comparado con lo que soy. El segundo, si habìa resquicio de duda, es la certeza de que traer a alguien al mundo serìa una ofensa para èl, para mi, y para ella. Para la vida, para Dios mismo.

El egoìsmo del ser, le dije una vez. Y eso justo tengo hoy. La una y no puedo dormir, ni quiero. Como en el sueño, quisiera salir volando desnudo, con alas blancas sin puntas negras, y con plumas que no son de aves.

Hoy me añoro solo. Con el iPod a lo que da, con la copa llena, sin miedo al control, a la mueca en la boca, a ser juzgado. Pero estoy acompañado. Dormita esperando controlar el dolor de anginas.

A mi me duelen tambièn. Hartas, segurito, de no poder gritar, de no poder tomar lo ke kiere y de callarse ante pendejadas. Hartas de no sentir amor por sì mismas, al estilo de mis gònadas inferiores. Maricotas al fin, no tengo el valor para decir basta, yo no quiero esto, yo no soy esto.

Y ni para llorar. Al menos, antes, para eso era bueno.

3 comentarios:

  1. a veces duele mas el alma que el propio cuerpo, pero bueno todo dolor presente nos hace pensar que aun podemos sentir, porque aun estamos vivos.

    ResponderBorrar
  2. me la jale en el anterior comentario, en fin a hecharle ganas que el dolor no dura todo el tiempo.

    ResponderBorrar
  3. Gracias Denix, y ya me siento mejor, de alma y cuerpo! Un abrazo!

    ResponderBorrar