Tenía unos 8 o 9 años y, como todos los veranos de mi infancia, estaba de vacaciones en la sierra de Durango. Pasaba más de un mes ahí cada año, y uno de mis lugares favoritos era el jardín trasero de la casa de mi tía Alicia, en que había muchos árboles, muchas flores, una sala exterior para sentarse a contemplar todo, o para no hacer nada, muchos pájaros y el par de perros más magníficos que haya visto en mi vida.
Pero el verdadero objeto de mi atención era un árbol de manzanas, que me parecía salido de un cuento. Era muy grande, de unos 5 metros de altura, y en unas ramas tenía manzanas, y en otras, peras. No recuerdo cuántas veces di vueltas alrededor tratando de averiguar si se trataba de dos árboles pegados que parecieran uno sólo, pero ahí había sólo un tronco, y era de manzano.
A veces regresaba a la sala y observaba mientras movía los pies, tratando de averiguar qué pasaba. Un buen día, mientras estaba ahí jugando con los perros, decidí preguntarle a mi tía Alicia, quien pasaba llevando algo en las manos, no puedo recordar qué.
- "¿Tía, por qué el árbol tiene manzanas y peras?"
- "Porque su tío Arturo lo injertó, mijo", me dije haciendo una breve pausa en su paso por el maravilloso jardín, y luego desapareció tras una gruesa puerta de madera, empotrada en una gruesa pared de ladrillos de tierra, que llevaba al corral contiguo.
"Injerto", pensaba yo. Mi mente de niño se maravilló. Después, cuando creí que nadie me vería, recuerdo haberme subido al árbol a ver dónde estaba el injerto que permitía que aquél árbol fuera tan maravilloso, tan único, tan grandioso. De cerca, podía ver aquél milagro.
Ese milagro en el que creo hoy, a mis casi 35. En ruta hacia un giro en mi carrera, o más bien, un aterrizaje hacia lo que me más amo, la psicología. Leía hoy el manuscrito de una autora de la que espero seguir los pasos, hablando de lo que hacemos los seres humanos, que "un árbol de manzanas da manzanas", y estoy totalmente de acuerdo. Pero también sé que un árbol de manzanas, con el trabajo correcto, puede dar peras. La vida es la vida.
¡Qué maravilla! Un árbol que da manzanas y peras... una infancia mágica :)
ResponderBorrarQue bonito relato, seguro que hasta para un adulto es impresionante. Saludos
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