viernes, junio 06, 2008

Ser padre

Pues no pude dejar de echarme cuanto post puso este amigo regio en su blog... Este que copio acá no tiene un poco de madre. Añoré ser padre como hacía un año y un mes no quería. Y luego me sentí pinche y muy estúpido, pero luego recobré el buen ánimo. Felicidades Eugenio, sobre todo por el último párrafo, y por la última oración de tu post.

http://poraquiteveo.blogspot.com/2008/05/el-primer-beso.html

El primer beso
Como ya lo dije, la paternidad te pone de frente con cualquier tipo de fluido humano.La otra noche le di a Mateo una fuerte dotación de uva verde que es una de sus frutas favoritas. -Mira qué bien se las come-, le decía yo emocionado a la Maga. Se echó un racimo entero y hasta ahí todo bien. La mañana siguiente fue una de ésas en las que me tocó cambiar el pañal. Se sentía pesadito pero aparentaba ser sólo pipí (nada más alejado de la realidad) así que lo abrí con entera confianza. "¡Ahhh su pinche madre!" es una expresión que queda corta. Aquello tenía aspecto como de un apestoso curry de uva en el que se identificaban bien algunas piezas aún sin digerir, olía como a vinagre de manzana (aunque eran uvas) echado a perder.Utilicé cinco toallitas húmedas para limpiar la zona, sentía cómo el hedor caliente se me metía por la nariz, me rebotaba en la nuca y de ahí se esparcía por todo mi cerebro hasta salirse por mis ojos. No es broma, el pañal era un sauna, como cuando abres el pescado que has cocinado con papel aluminio y sale vapor, era como un sobre bonito con ántrax en el interior, por fuera lucía indefenso pero adentro vivían el diablo y el monstruo de la laguna verde. Ese Huggie era como un chihuahueñito muy mordelón, por así decirlo.-Qué exagerado eres-, me dijo la Maga, quien como toda mujer tiene la habilidad de oler caca y guardar la calma mientras se unta crema en las manos o se pone los zapatos. A los hombres la peste nos inmoviliza, nos entorpece (¿más?) y nos ataranta.Saqué el pañal de la casa, no merecía estar en ni un basurero de adentro, era algo descomunal. Me hubiera gustado ser campeón de tiro de bala para lanzarlo hasta la Huasteca. Por más que le platico esto a mi mamá o a mis amigas se me quedan viendo como si fuera yo un principiante, ¡y no lo soy!, creo que ya merezco el nivel de avanzado en estas tareas putrefactas del cambio de pañal.Ya me aventé cuatro párrafos y un renglón hablando de la caca extraordinaria de mi hijo. A veces pienso que si un terapeuta se mete a leer el blog descubrirá en mí una especie de fijación por el excremento. ¿Estaré enfermito?, quién sabe, pero yo no quería extenderme tanto en ese capítulo del pañal.Lo que yo quería era que ustedes sacaran sus calendarios y apuntaran en tinta roja que ayer, 13 de mayo del 2008, Mateo dejó de hacer lo que estaba haciendo y caminó hacia mí para darme su primer beso. No fue tronado, sólo acercó sus labios y me los puso en la parte del cachete izquierdo en donde no tengo barba. Acompañó la faena con un abrazo partido (sólo con un bracito) y luego se alejó regalándome una de sus sonrisas tipo Bugs Bunny.Ese beso vale más que 100 pañales con todo y el vinagre de uvas tóxico. La paternidad es eso, es la unión de lo más bello con lo más horrible en donde siempre gana lo primero. Soy feliz.

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