miércoles, febrero 18, 2009

De amigos y cosas mejores

A los 30, he llegado a pensar que los amigos que hice los hice ya y que ya no hay nuevos. Sé que suena a viejo, pero es interesante cómo la vida te hace darte cuenta de que nada de lo que das por sentado es necesariamente cierto.

Oyendo a Adolfo en su espectacular depresión, me redescubrí a mí hace unos 10 años. ¡10 años! Hace poco esa era mi edad, de verdad, no me parece que haga tanto tiempo que no sabía qué hacer cuando tenía una erección inesperada. Y hoy, "adulto" ya, encuentro uno tras otro, nuevos seres humanos con los que me identifico tanto, que no puedo esperar para convertirlos en mis amigos.

Ayer me llamó la mamá y mi nueva "Aby", madre y abuela de Adolfo. Yo no sé qué les dijo él, pero el encargo era "por favor que coma", "llévalo a chelear", "vengan al carnaval". Me sentí tan bendecido de que un par de mujeres en sus 50s y 80s preocupadas de su retoño confiaran en mí para hacer algo por él, que algo bueno tuvo que haberles dicho de mí para que me llamaran y pudieran sentirse, en su preocupación, un poco más tranquilas.

Adolfo, ¡no sabes todo lo bueno que has traido a mi vida! Es de esas fortunas de ser compañeros de trabajo, pero descubrirse en el fondo amigos. Así me pasó siempre con mis mejores amigos: Gabriel, Joel, Javier, Natalia, Hanako, Tan, Ale, Kar, Adry.

También ayer, Edgardo me envió un mail en su acelere regio para decirme, así, llanamente, "te adoro". Yo le dije que esperaba que él se hubiera casado con Salma. Pero el punto es que hoy que lo vi llegar a la cena de consejos, no pude menos que correr como adolescente enternecida a abrazarlo, y el abrazo era lo más sincero que un abrazo puede ser. Me sentí privilegiado.

La semana pasada me reencontré telefónicamente con Ana, a quién no veo hace unos 8 0 9 años y a quien nunca pude localizar para mi boda. Me contó tantas cosas, que no pude menos que apretar una lagrimita. "¿Te acuerdas que veíamos el frasco de la mayonesa para ver si tenía que guardarse en el refri?", "¿te acuerdas del huracán cuando salimos del cine', "¿te acuerdas de Raquel, de los colombianos, de las tareas a máquina eléctrica?". Recuerdas, recuerdas, recuerdas.

No recordaba nada, y una amiga en el tiempo y en la distancia sí lo recordaba, y me hizo recordar a tantos amigos que nos perdimos en el camino de la vida y no sabemos nada de nadie. A algunos los imagino con hijos, a otros en el alcohol total. Los extraño Julio, Julio César, Félix, Merino, Tovar, ¿dónde están?

Y los nuevos encuentros siguen. Juan Carlos es un nuevo "amigo" cibernético. Creo que está muy solo y a veces lo siento medio freak, pero hay algo en lo que leo que me hace pensar que la casualidad nos hacía falta a los dos.

Un día Val me dijo algo que no entendí bien hasta hoy: "tú eres de esas personas que cuando uno piensa que ya no queda nada, escarbas". Me siento bien así.

3 comentarios:

  1. supongo que tu miedo pudo haberse convertido en realidad si lo hubieras aceptado como una certeza

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  2. Este post está como para quedarse a vivir aquí un rato.
    Saludos.

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  3. Alice y Mr. Ñets,

    gracias por comentar.

    Alice: es curioso cómo de verdad el intento de certeza sobre las amistades que pueden no hacerse se diluye cada vez más. Es como si hubiera roto un hechizo.

    Mr. Ñets: qué honor tenerlo por acá!

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