Te maldigo tanto como te necesita el que agoniza. No vengas por mí ahora, ni te acerques siquiera, que si bien nunca he de vencerte, puedo odiarte tanto como me plazca hasta que te necesite. Vete, por favor.
Intentando ordenar lo que no se ordena en mi cabeza... o que no tengo ni ganas de ordernar.
miércoles, febrero 09, 2011
Otro adiós
Ahí estás de nuevo de visita, vieja enemiga. Con tu sonrisa cínica y tus dientes amarillos y rasgados, y tu silencio estúpido y triunfador. Lo que te detesto es sólo superado por todo lo que me has dolido. Empezaste temprano, con mi abuela. Empezaste antes de que yo naciera, con la única persona muerta a la que de verdad me hubiera importado conocer. Y te diste vuelo con más abuelos, con tíos y tías que son como madres, y con primos inocentes, niños que no te debían nada haciendo gala de tu rapidez. Accidentes, pistolas. Una vez ocho muertes en dos años, tu mejor récord, imbécil de mierda, como si fuera para celebrarse.
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Odiosamente inevitable. Todavía no siento esa furia de dientes apretados. Quizá porque tuve tiempo de despedirme. Quizá porque todavía no entiendo qué pasó.
ResponderBorrarQuizá es mejor. Hay un punto en que el odio se confunde con el dolor, y ya no sabes qué duele más.
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