lunes, enero 31, 2011

Isolina

Isolina entró a la vacía iglesia de Chancalá y se hincó frente al altar sobre el tosco piso de cemento gris. Movía los labios dibujados sobre su rostro blanco como rezando, y de sus grandes ojos negros enmarcados con tupidas cejas, empezó a escurrir un líquido parecido a las lágrimas.

Yo la observaba detrás de una estatua del Divino Niño, "de bulto", como dicen en los pueblos, que Doña Magnolia había bajado al suelo para limpiar. Al pensarse sola, de repente soltó un jadeo y se dejo caer boca abajo en el piso. Empezó a llorar tan fuerte, que las figuras de los santos a lo largo de los ventanales laterales voltearon a verla.

Yo abrí los ojos cuanto pude seguro de que me hallaba en el lugar y momento incorrecto, presenciando el dolor ajeno que también a mí empezó a dolerme. Mucho. Empecé a escuchar "mamá", entre los fuertes lamentos que Isolina soltaba. No tendría más de 16 años. A mis 8, entendí que lo que estaba viendo era el extremo de la súplica a la que te lleva el dolor. El desgarre de la vida que, suponía, alguna vez viviría.

"!Mi mamá no puede morirse!", retumbó de repente su grito por la iglesia. Los pájaros que contemplaban la escena desde la incompleta cúpula, de la que mi padre había organizado la construcción un año atrás, revolotearon.

"Es mi madre virgencita, es mi madre, es mi madre...", ahogaba Isolina. La imagen de la Virgen al centro del altar no parpadeó. Sólo apretó los labios y las manos que ya tenía entrecruzadas. Los santos a sus lados en el altar, y los demás en los ventanales, bajaron la cabeza, unos, otros, voltearon a verse entre sí.

"Ve", me dijo la estatua del Divino Niño detrás de la cual me escondía. Al ver la negativa en mis ojos, extendió su mano hacía mí para acompañarme, pero yo salí corriendo con sigilo para dejar que la chica diera rienda suelta a su dolor.

Llegué a mi casa justo cuando las campanas de la iglesia empezaban a doblar. Mi madre me esperaba mientras empezaba a servir la mesa para la cena . "Mijo coma rápido", me dijo, "acaba de morir la mamá de Isolina y vamos al funeral".

4 comentarios:

  1. A ti te recuerdo, te recuerdo; cómo olvidar lo de las únicas cintas porno que has visto, já.
    Un saludo, "feliz" año nuevo.

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  2. jaja gracias, Xóchitl! Siempre es bueno escuchar eso de feliz año, no le hace que ya sea febrero! Igualmente!

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  3. Sabes? me llegaron hondamente, esta entrada y las 2 más recientes! tristemente es cierto cuando nos encontrams en ese tipo de situaciones clamams un milagro!
    Me gusta como escribes porque plasmas sentimientos agitados! Muchos saludos! :D

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  4. Muchas gracias Ocairi. Sí, todo esto es pura catarsis emocional la verdad. Ya te leo. Saludos de vuelta!

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