Hay ya, en el hecho de escribir un libro (bueno y en este caso, un blog) un ego enorme pensando que a alguien le interesaría leer lo que uno escribe. No es mi intención autocriticarme ni critcar a quienes lo hacemos, en este caso, sólo quiero hablar de algunos autores con quienes trabajo, y a quienes he visto palidecer de tanta luz antes de publicar un sueño en un libro impreso y distribuído profesionalmente, a la sombra de lo que pudieron ser, ahogados en el ego.
Y ni siquiera hablo de artistas literarios, hablo del género quizá más corrompido en el mundo editorial, la no ficción. Hay de todo, debo decir, pero es extraño el caso de éxito que no vaya acompañado de un ego enfermo y odioso, que hace que lo último que quisiera es terminar una feria o una agenda de prensa, o una presentación, y tener que sentarme a compartir una copa de vino con él o con ella. Es una pena. He leído libros maravillosos de este género en el que trabajo y del cual no soy consumidor habitual, cuyo encanto se me cae al conocer al autor, y viceversa.
Aguas autores, la gente no es tonta. Una cosa es la pasión por promover, y otra, es el ego enfermo de reconocimiento a su vacío interno, que ni 280 pàginas de letras pueden llenar. La respuesta no está en un libro, aléjense de tan noble objeto, por favor. Mejor háganse un blog.
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