Vestía de negro, con rayas de gis. Una mochila al hombro y una mirada que delataba a donde se dirigía. Cruzó sus ojos unos instantes conmigo, sin darse cuenta quizás. Se sentía como una paloma a punto de alzar el vuelo, novata, esquiva.
A flor de piel, llevaba el deseo de roce, de privacidades reveladas, compartidas, casi ilegales. De sabores en la boca y de placeres bajo la cintura. Se perdió tras un muro gris con restos de glorias blancas.
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