Complacer con lo que no soy. Qué duro es no sentirse a la altura. Qué duro es no tener lo necesario.
No tengo una arracada en la oreja, no soy desempleado ni toco la guitarra o la batería. No me cojo a una vieja en cada antro, no fumo como chacuaco, no me emborracho en martes por la mañana, no tengo hijos por ahí. No quiero ya tener hijos.
No uso botas ni cinturones piteados, aunque amo las camisas vaqueras. También amo la música de banda y nada como esas canciones para tomar un tequila o un whisky. Aún así, no es suficiente ni visible.
No puedo llevar un archivo ordenado de los procedimientos médicos de mi papá y atender a tres hijos al mismo tiempo, y quedarme tiempo para ser brillante en mi trabajo.
No sé qué puedo hacer. No sé qué quiero hacer. Vivo en una apariencia de pendejadas para tratar de arrancar sonrisas a quienes no importo. Estoy muy cansado.
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