Hacía tiempo que Adriana no veía ojos así. Del café exacto que le gustaba, del tamaño exacto, con el pelo cayendo sobre los ojos como le gustbaa. Y la forma de apretar los labios un poco para reprimir su complusión por tocar.
Risas nerviosas, preguntas tontas en un elevador que no podía invitar menos a flirtear. Presencias incómodas. Pasiones reprimidas, ganas de arrojarse a besos una sobre el otro. De olerse. Adriana respiró. Ganas de volver a coincidir.
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