Lo primero que vi fue la mueca de tu foto combinada con tus espesas pestañas. Profundamente sexosa, te mordías los labios en unas, levantabas la cara en otras. Fotos, todas. Dos palabras, y éramos amigos. Algo reaccionó en mi animalmente. Bien dicen, somos bestias.
No sabías cómo preguntar, no sabías como abordarme. No sabías. Pero lo hiciste. Y dije que no. No creo en las canas al aire, al menos aún. Me sentí privilegiado, con el autoestima en el cielo, gordo como un pavo. No puedo creerlo aún, ¿tú? Fama, fortuna, carros, modelos, juventud casi adolescente. El mundo a tus pies. De verdad, ¿me lo juras lojuritas?
Es increíble como una cosa tan animal me ha levantado el ánimo (y otras cosas). Soy muy afortunado.
También soy muy privilegiado de ser amado, y de amar de vuelta. Muy.
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