Hace unos semanas vi a Alonso Lujambio en la televisión. Apenas podía moverse y coordinar palabra. Además de la falta de cabello, tenía que usar un parche para no ver doble. El mieloma que padecía, dijo, se había ido al sistema nervioso central. Se veía muy enfermo.
Me descubrí bañado en lagrimas, al pensar que mi padre, que sufre del mismo tipo de cáncer, pudiera llegar a estar así. Agradecí a la vida el trasplante que Dios nos permitió hacerle, la recuperación no sólo de su cabello, sino de su fuerza, de su eterno optimismo, de su risa, de sus abrazos.
Hoy prendí la tele alrededor de las 8, se me había hecho tardísimo. Lo primero que escuché fue “descanse en paz Alonso Lujambio”. Fue como una descarga fulminante en mi cuerpo. Apenas llegué al baño para vomitar. Tomé un baño largo deseando que mi papá, que no supo nada de aquella última aparición pública de Lujambio, pero que sabe perfectamente que padecen lo mismo, no viera esta noticia, no lo remitiera a su propia existencia.
En minutos, adivinando cómo me sentía, ya tenía un mensaje de mi mamá en el celular. Dice: “Ya lo vió él (mi papá) y valora más la bendición tan grande que Dios nos ha dado”.
Hoy quiero agradecer como en noviembre de 2011 en que mi papá volvió a nacer. Quiero agradecer por algún día que haya olvidado hacerlo, en que me haya ido a dormir sin agradecer a Dios el milagro que nos regaló, contra todos los pronósticos médicos, y que me regala cada día que puedo hablar por teléfono con mi papá.
GRACIAS POR EL MILAGRO DE LA VIDA DE MI PADRE.
hermoso!
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