Me abraza siempre. Me da besos en los ojos. Me pregunta por qué tengo un acento raro al hablar. Me pregunta "¿Por qué tú eres raro, tío?" Y yo le respondo, "¿raro?"; "sí", responde, "como si fueras un niño". Y yo me quiero morir de amor. No hay mayor halago, en una vida repleta de responsabilidades.
Me reviso, me veo, me doy cuenta que que Barris me obsesiona. No concibo un mundo en el que no esté él. No concibo no ser su tío, no concibo la inyección de bondad que pone en el mundo. Me da esperanza, me hace creer.
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