Intentando ordenar lo que no se ordena en mi cabeza... o que no tengo ni ganas de ordernar.
viernes, junio 24, 2011
Hoy no
Desnudo, me recosté sobre la cama recién tendida. Qué libertad, qué placer. Disfrutar despertar, estar vivo, ser y estar. Como hace meses no. Gracias fatiga crónica, depresión o estupidez por regalarme un viernes sin ti.
martes, junio 21, 2011
Una foto, un disparador
No recuerdo qué edad tenía cuando vi por primera vez esa foto. En ella aparece Tito, mi primito. Estaba en la entrada de su casa, en la parte del pueblo llamada "La colonia". Era una serie de casas de madera con techos de dos aguas en medio de la selva, a la orilla de un camino de grava que luchaba contra el fértil pasto verde bandera que sólo crece en Chancalá. Desde cualquier punto de "La colonia", se oía el murmullo del río. Fuerte, constante, fresco.
Me encantaba ir ahí porque me sentía en otro mundo. Ahora pienso que parecía el pueblo de la iniciativa Dharma en Lost. Había una "palapa de fiestas", un parque con juegos y un hospital, a cargo de mi primo Roberto, papá de Tito.
Su esposa, mi prima Elia, cocinaba unos pasteles deliciosos que a mi me gustaba mucho combinar con leche. Era una casa en que se respiraba felicidad. La casa nueva en medio de un paraíso, un trabajo a dos pasos, sólo gente que iniciaba una nueva vida en el maravilloso pueblo donde crecí.
Yo vivia ahí, fuera de "La colonia", pero ahí. Junto a ese inmenso río, a ese ruido que sólo tiene un pueblo pequeño. Mientras estuve, nunca supe lo afortunado que era. No sospeché tampoco que esos primeros 8 años de mi vida me marcarían como lo han hecho, para bien y para mal. Lo recuerdo aún cuando la gente no distingue entre una planta de plástico y una natural,o cuando nunca han visto un tigre en libertad, o bueno, una vaca.
Lo recuerdo también cuando la gente discrimina. Yo la sufrí cuando niño. Todos eran morenos, y yo odiaba mis pinches ricitos rubios. Si se vale, pues yo discrimino a quien discrimina. Me da pena.
La vida es tan encabronadamente sabia que ahora, la hermana de Tito, mi primita Elita, (perón los diminutivos pero aunke ahora tengan 25 yo los veo de 3 o 4 años) es casi mi vecina. Nos separa el parque de los venados. Es mi primera familiar de sangre en el DF. Ya no tengo que decir que tengo sólo a mi familia política aquí.
A lo lejos, como cuando estaba seco en Chancalá, el río empieza a sonar.
miércoles, junio 08, 2011
Mi PIN
Luego de resistirme por años, un mega oso, y la desesperante necesidad de volver a la oficina desde cualquier punto de la ciudad para revisar mails tontos, pero urgentes, me hizo lanzarme a un módulo de celulares en Liverpool Insurgentes.
Salí con una blackberry touch con cuanta cosa se pueda imaginar. En la sala de mi casa, por ejemplo, el satélite marca que estoy en una calle, en la cocina, en otra. Puedo ver la tele (no se me ocurre cuando tenga necesidad de verla en la black, pero ya sucederá, seguramente), y el costo me pareció razonable: 340 y tantos pesos con internet ilimitado, más 200 minutos libres y mamaditas extra. Gracias Iusacel! Y no es sarcasmo.
A menos de 48 horas, debo confesar que soy ya un adicto. Espero no convertirme en uno de esos weyes o weyas que en los restaurantes no pelan a su chava, chavo o comensal interlocutor por estar metidos en el messenger. Es una promesa solemne. No lo haré. Pero mientras no esté en eso, le daré duro. Es la verdad.
La gota que derramó el vaso sucedió el domingo en la mañana. Mientras estaba en el St. Regis con el autor de más pedorreo que me ha tocado atender, su blackberry se descargó. Le urgía saber si su perro, en Alabama, había desayunado croquetas o carnaza. O algo así. Entonces me pidió mi black... y yo mentí diciendo que se había mojado... pero que tenía un celular temporal, el cual no dudó en decirme que le serviría perfecto. Entonces saqué tímidamente mi celular. Es una especie de tamagochi del 2003, le falta la tecla del uno y la tapa de la batería esta quebrada, por lo que un diurex lo ayuda a mantenerse en una sola pieza. La pantalla está rayadísima y pesa lo que un ladrillo de los rojos.
Mr. Smith me miró con desdén. Era la misma mirada que me ponen en las juntas cuando en una sala, todos ponen su black sobre el escritorio y yo no pongo nada. O pongo un café para disimular. O la mirada que ponen cuando me piden mi PIN y yo intento hacer una broma para desviar el hecho de que soy el único en esta empresa que no tiene una black. O no tenía.
Pero agárrense, que mi versión es más moderna, y touch. Y con giroscopio. Y con un pantallón. En pocas palabras, en lenguaje macho, la tengo más grande. Al menos, por ahora. Las miradas en el elevador de hoy fueron muy satisfactorias. Fingí que he tenido esa black desde siempre, nomás por apantallar. Que wey soy. Pero no puedo evitar disfrutarlo!
¿Me pasas tu PIN?
jueves, mayo 26, 2011
El mal del autor
Y ni siquiera hablo de artistas literarios, hablo del género quizá más corrompido en el mundo editorial, la no ficción. Hay de todo, debo decir, pero es extraño el caso de éxito que no vaya acompañado de un ego enfermo y odioso, que hace que lo último que quisiera es terminar una feria o una agenda de prensa, o una presentación, y tener que sentarme a compartir una copa de vino con él o con ella. Es una pena. He leído libros maravillosos de este género en el que trabajo y del cual no soy consumidor habitual, cuyo encanto se me cae al conocer al autor, y viceversa.
Aguas autores, la gente no es tonta. Una cosa es la pasión por promover, y otra, es el ego enfermo de reconocimiento a su vacío interno, que ni 280 pàginas de letras pueden llenar. La respuesta no está en un libro, aléjense de tan noble objeto, por favor. Mejor háganse un blog.
miércoles, mayo 25, 2011
Sin título
Se regocija en su soledad y en sus silencios, ahora violados además, por una nueva línea del metro cuya construcción no parece terminar jamás. Y añora, chafamente, lo que ni ha sido, pero insiste en creer que sí ha pasado, que eso vive en su recuerdo y no en su imaginación. Tal vez sólo está muy cansado.
viernes, mayo 06, 2011
El país de uno
El país de uno
Por Denise Dresser
Alguna vez, el periodista Julio Scherer García le pidió a Ernesto Zedillo que le hablara de su amor por México. Le sugirió que hablara del arte, de la geografía, de la historia del país. De sus montañas y sus valles y sus volcanes y sus héroes y sus tardes soleadas. El ex Presidente no supo qué contestar. Hoy es probable que muchos mexicanos tampoco sepan cómo hacerlo. Hoy el pesimismo recorre al país e infecta a quienes entran en contacto con él. México vive obsesionado con el fracaso. Con la victimización. Con todo lo que pudo ser pero no fue. Con lo perdido, lo olvidado, lo maltratado.
México padece lo que Jorge Domínguez, en un artículo en Foreign Affairs, bautizó como la “fracasomanía”: el pesimismo persistente ante una realidad que parece inamovible. La corrupción no puede ser combatida; los políticos no pueden ser propositivos; la sociedad no puede ser movilizada; la población no puede ser educada; los buenos siempre sucumben; los reformadores siempre pierden. La luz al final del túnel sólo ilumina el tren a punto de arrollar a quienes no pueden eludir su paso. El país siempre pierde. Los mexicanos siempre se tiran al vacío desde el Castillo de Chapultepec y no logran salir de allí. Por ello es mejor callar. Es mejor ignorar. Es mejor emigrar.
En México, como diría Elías Canetti, los pesimistas son superfluos y 2004 demuestra por qué. Éste es el año de los videoescándalos y la videoviolencia. De los maletines llenos y las reformas inexistentes. De los priistas robustecidos y los panistas divididos. De las primeras damas que quieren el poder y de las mujeres que abusan de él. Del sabotaje a Andrés Manuel López Obrador y del autosabotaje a sí mismo. De la sucesión adelantada y la política paralizada. De desafueros amenazantes y consortes que también lo son. Éste es el año de marchas que no van a ningún lado y de presidentes que tampoco lo hacen.
Vicente Fox se encoge en Los Pinos mientras Marta Sahagún no quiere que la saquen jamás de allí. El Niño Verde negocia un soborno mientras su partido vive de ellos. René Bejarano carga maletines mientras Carlos Ahumada los llena. El embajador ante la OCDE compra colchones y el erario los paga. Dos policías arden en Tláhuac mientras Marcelo Ebrard decide qué no hacer. Roberto Madrazo se apropia del PRI mientras su partido se lo permite. Crónica de catástrofes; crónica de corruptelas; crónica de personajes demasiado pequeños para el país que habitan.
El país de las contradicciones permanentes. El país de las máscaras que ocultan y las caras que sonríen. El país que produce a Marta Sahagún pero también a Marta Lamas. Que produce a Fátima Mena pero también a Fátima Fernández Christlieb. Que produce a Manlio Fabio Beltrones pero también a Rossana Fuentes Beráin. Que produce a José Murat pero también a María Rojo. Que produce a René Bejarano pero también a Julieta Fierro. Que produce a Roberto Madrazo pero también a Ricardo Legorreta. Que produce a Jorge Hank Rhon pero también a Jorge Volpi. Por cada tache hay una paloma. Cien palomas. Miles.
Frente a todos los motivos para cerrar los ojos están todos los motivos para abrirlos. Frente a las razones para perder la fe están todas las razones para recuperarla. Los murales de Diego Rivera. Las enchiladas suizas de Sanborn’s. Las mariposas en Michoacán. El cine de Alfonso Cuarón. El valor de Sergio Aguayo. Los huevos rancheros y los chilaquiles con pollo. La sonrisa de Carmen Aristegui. La medalla de Ana Gabriela Guevara. El mole negro de Oaxaca. Los libros de Elena Poniatowska. La inteligencia de Lorenzo Meyer. Los tacos al pastor con salsa y cilantro. El humor de Carlos Monsiváis. El mar en Punta Mita. Las canciones de Julieta Venegas. La poesía de Efraín Huerta. El Espacio Escultórico al amanecer. Cualquier Zócalo cualquier domingo.
La forma en que los mexicanos se besan y se saludan y se dicen “buenas tardes” al subirse al elevador. Las fiestas ruidosas los sábados por la tarde. La casa de Luis Barragán. Los amigos que siempre tienen tiempo para tomarse un tequila. La decencia de Germán Dehesa. Los picos coloridos de las piñatas. Las casas de Manuel Parra. Las buganvilias y los alcatraces y los magueyes. Las caricaturas de Naranjo y los cartones de Calderón. El helado de guanábana. La talavera de Puebla. Las fotografías de Graciela Iturbide. Los mangos con chile parados en un palo de madera. Las comidas largas y las palmeras frondosas. La pluma de Jesús Silva-Herzog Márquez. Las mujeres del grupo Semillas y las mujeres que luchan por otras en Juárez.
Cada persona tendrá su propia lista, su propio pedazo del país colgado del corazón. Una lista larga, rica, colorida, voluptuosa, fragante. Una lista que debe comenzar con las palabras de la chef Marta Ortiz Chapa: “Siempre me gustó ser mexicana”. Una lista con la cual contener el pesimismo; un antídoto ante la apatía; una vacuna contra la desilusión. Una lista de lo mejor de México. Una lista para despertarse en las mañanas. Una lista de Año Nuevo. Una lista para pelear contra lo que Susan Sontag llamó “la complicidad con el desastre”.
Porque el credo de los pesimistas produce la parálisis. Engendra el cinismo. Permite que hombres como Manlio Fabio Beltrones promuevan el juicio político contra los jueces de la Suprema Corte y nadie se lo impida. Permite que los partidos vivan del presupuesto público sin cumplir con la función pública. Permite que los legisladores no actúen como tales. Permite la persistencia del status quo. El pesimismo es el juego seguro de quienes no quieren perder los privilegios que gozan, los puestos que ocupan, las posiciones que cuidan. El pesimismo es la cobija confortable de los que no mueven un dedo debajo de ella. Es el lujo de los que rentan el carro pero no se sienten dueños de él.
Y durante demasiado tiempo, México ha sido un país rentado para sus habitantes. Ha pertenecido a sus líderes religiosos y a sus tlatoanis tribales y a sus colonizadores y a sus liberales y a sus conservadores y a sus dictadores y a sus priistas y a sus presidentes imperiales y a su intelligentsia y a sus partidos y a sus élites. No ha pertenecido a sus ciudadanos. Por eso pocos lo cuidan. Pocos lo sacuden. Pocos lo aspiran. Pocos lo lavan. Pocos lo enceran. Pocos piensan que es suyo. Pocos lo tratan como si lo fuera. Porque como dice Larry Summers, el presidente de la Universidad de Harvard, nadie nunca ha lavado un carro rentado.
Pero quienes saben que el país es suyo no viven con el lujo del descuido. Quienes han vivido años fuera de México saben lo que es andar con el corazón apretado. Lo que es caminar a pasos de pequeñas nostalgias y grandes recuerdos. Lo que es extrañar el olor y el sabor y la bulla y la luz. Lo que es querer tanto a un país que uno siente la imperiosa necesidad de regresar y salvarlo de sí mismo. Lo que es vivir pensando -de manera cotidiana- que los gobernados pueden y deben vigilar a quienes gobiernan. Que los partidos políticos pueden y deben reducir la violencia social y pavimentar la ruta democrática. Que la oposición puede y debe redefinir los términos del debate público. Que la clase política entera puede y debe fomentar la conexión entre la democracia y los ciudadanos. Que no es demasiado pedir.
Las soluciones están allí para ser instrumentadas. Las recetas están allí para ser aplicadas. Las reformas están allí para ser ejecutadas. Abarcan la reelección de los legisladores y la reforma política y la reforma fiscal y los juicios orales y la reforma a la Ley de Medios y la apertura de la televisión y la competencia en las telecomunicaciones y la lucha contra la violencia doméstica, entre muchas otras. Tanto por hacer; tanto por cambiar; tantos sitios donde amontonar el optimismo. El optimismo de la voluntad frente al pesimismo de la inteligencia. El optimismo de quienes creen que las cosas en México están tan mal que sólo pueden mejorar. El optimismo perpetuo que se convierte en multiplicador.
En El paciente inglés, Katherine murmura “nosotros somos los verdaderos países, no los límites marcados en los mapas, no los nombres de los hombres poderosos”. México no es el país de Andrés Manuel López Obrador o Santiago Creel o Roberto Madrazo. No es el país de los congresistas o los gobernadores o los burócratas o los líderes sindicales. Es el país de uno. El país nuestro. En el 2005 y siempre.
martes, marzo 08, 2011
De acuerdo con la voluntad divina
miércoles, febrero 09, 2011
Otro adiós
lunes, enero 31, 2011
Isolina
miércoles, enero 26, 2011
La india María
miércoles, septiembre 29, 2010
Fue un placer!
jueves, julio 15, 2010
martes, junio 15, 2010
jueves, junio 10, 2010
Insomnio
Mis dedos apestan. Mis sentimientos tambièn. Marchita, el alma sube la presiòn a 150 para tratar de no morir. Pero eso quiero.
Esta semana tuve dos duelos. El primero, darme cuenta de que para amar, ser pendejo serìa maravilloso, comparado con lo que soy. El segundo, si habìa resquicio de duda, es la certeza de que traer a alguien al mundo serìa una ofensa para èl, para mi, y para ella. Para la vida, para Dios mismo.
El egoìsmo del ser, le dije una vez. Y eso justo tengo hoy. La una y no puedo dormir, ni quiero. Como en el sueño, quisiera salir volando desnudo, con alas blancas sin puntas negras, y con plumas que no son de aves.
Hoy me añoro solo. Con el iPod a lo que da, con la copa llena, sin miedo al control, a la mueca en la boca, a ser juzgado. Pero estoy acompañado. Dormita esperando controlar el dolor de anginas.
A mi me duelen tambièn. Hartas, segurito, de no poder gritar, de no poder tomar lo ke kiere y de callarse ante pendejadas. Hartas de no sentir amor por sì mismas, al estilo de mis gònadas inferiores. Maricotas al fin, no tengo el valor para decir basta, yo no quiero esto, yo no soy esto.
Y ni para llorar. Al menos, antes, para eso era bueno.
viernes, abril 02, 2010
Sordomudo
lunes, marzo 01, 2010
2 de marzo de 2002
Dormí todo el camino y me despertó una risa de Victoria Ruffo, quien reía con su esposo. La entrevisté en el área de espera de maletas del aeropuerto de Los Cabos, y al llegar al hotel, envié la nota a la agencia. Le pedí a una chica llamada Estrella que me marcara, porque costaba 180 pesos el minuto de larga distancia nacional, unos 17 dólares.
Salí a la alberca y me encontré a mis compañeros de viaje, todos con sus parejas. Así lo marcaba la invitación. Me encontré incluso a Claudia y Arturo, de Ciencia, quienes me saludaron como son ellos, muy atentos. Recuerdo que, por alguna razón, algún reportero de algún medio, quien estaba con un amigo o algo así, se rió de mis sandalias y short playero.
Me salí de la alberca y me fui a la orilla del mar. Tanta belleza y tanto vacío. Lo que yo sentía era una soledad del diablo. Metí los pies al mar y me fui a mi cuarto. Estaba en la planta baja, y daba a un jardín, y oía claramente el sonido de las olas. No quería llorar, ni podía. Estaba como bloqueado. Esa noche hubo una cena al aire libre, y recuerdo el tamaño de la Luna. Además, estaba rojiza. Le tomé muchas fotos.
Al día siguiente, un seminario. Recuerdo poco. Por la tarde, ballenas a bordo de un barco pirata en el que hacía mucho, mucho frío. Vi como las parejas se acurrucaban unas con otras y, mucho tiempo después, años de hecho, recordé que ahí te vi por primera vez.
Luego langosta, y una escala en el centro de Cabo San Lucas. Ahí te vi por segunda vez. Agitabas la mano incitando a todos a bajarse, ahí me fijé en tu sonrisa. Franca. Abierta. Yo no iba a bajarme. Hoy sé que me bajé por ti.
Luego un bar, tercera vez. Luego el Squid Roe. La Diosidencia. Bendita la hora. Una pista atestada que se volvió solo tuya y mía. 5 cervezas. Segundo piso. Cielo estrellado. Time of my life en el aire, no I never felt like this before, yes I swear it's the truth and I owe it all to you... Un beso con sabor a sal. ¿Cómo te llamas?
Literalmente, vimos estrellas, una luna de película de hombre lobo y una comunión de almas junto al mar. Nunca he sido más feliz. Me sentí tuyo abrazado a tu pecho, y te sentí mía. Nos despertó el frío de la playa. El resto es lo importante. Cuando el mar, la luna y las estrellas no están, ¿cuántas somos capaces de ver?
jueves, febrero 25, 2010
Mi Tía Isabel
El mar cercano se embravecía y una ola entraba a la plaza y nos mojaba sólo los pies, excepto a mí porque los subía a una banca. Me iba a una banca más lejana, y en eso venía mi Tía Isabel, con una falda azul y una blusa rosa a recostarse en la banca con la cabeza en mis piernas. La veía más llenita, con menos canas, como se veía mucho antes de que muriera. Pero estaba viva, y me abrazaba muy muy fuerte, y yo la abrazaba también. Duramos como un minuto abrazados fuertemente.
Me desperté feliz. En Chicago, en 2004, la vi por última vez. Gracias tía por todas las grabadoras con mañanitas puestas los 4 de agosto en los tendidos de Arroyo Chico. Gracias por lo último que me dijo: "Ahora ya se sabe el camino mijo, Dios me lo bendiga".
sábado, febrero 06, 2010
Dinorah
Zona de confort. Casi que me tiene hasta la madre esa frasesita. Aparte, cuàl puto confort.
Luego de un par de plàticas que fui a dar al Olinca, un desayuno en el nuevo El Mercado de Altavista me puso a pensar aùn màs en las decisiones que estoy queriendo tomar. Me empoderò.
Hay Diosidencias, me dijo Ana Marina una vez. Las creo. Tanto como hoy no creo en ti, Mau.
Dinorah, si tan solo supieras un 10 por ciento de lo que me pusiste a pensar hoy, te sentirìas orgullosa. Por eso sè que en el fondo no soy tan bruto, y que una evaluaciòn hecha desde fuera me sacude màs que las mùltiples hechas desde dentro. Gracias de verdad por ser. Por ser tan franca, por no andarte, ni tantito, por las ramas.
Venga lo que haya que venir, la decisiòn està tomada, y fuerte. Ellos se lo pierden, sin falso orgullo. Me creo lo que soy.
jueves, enero 07, 2010
Roberto Barrios
Dios se veìa majestuoso. Humilde, pero espectacular, parecìa decirme que estaba ahì y todos lo sabían en el pueblo, pero que su constante eco había hecho que los pobladores, que piden monedas a los visitantes, lo olvidaran.
¡Cómo se puede olvidar que Dios vive en tu pueblo! pensé. "Como tú te olvidaste de ti", susurrò entre cascadas. Como olvidé que las horas se convierten en años. Como olvidè soñar.
Y Dios se dio la vuelta y se fue.
martes, diciembre 15, 2009
Sefardita
Según la Rae:
sefardí.
(Der. del hebr. ṣĕfārad, topónimo que la tradición identificó con la Península Ibérica).
1. adj. Se dice de los judíos oriundos de España, o de los que, sin proceder de España, aceptan las prácticas especiales religiosas que en el rezo mantienen los judíos españoles. U. t. c. s.
2. adj. Perteneciente o relativo a ellos.
3. m. Dialecto judeoespañol.
Chale. Ya me puse a pensar en qué puede haberle hecho pensar a esa señora que subió a tres niños de un brazo a su camioneta y nomás no doy. O seguro ni sabía qué era y nomás le sonó feo.
viernes, diciembre 11, 2009
viernes, noviembre 20, 2009
¿Qué hice mal?
"Angel era igual", me dijiste hace años, y en el fondo se què es eso. Perdòn, aprendì, mamè, que la vida se gana trabajando, no huevoneando. Cuànto los envidio! Pero no es excusa, lo sè tambièn. Y no la tengo fàcil. Quisiera que esta botella de vino barato ahogara todo el dolor, pero voy por la segunda y nada. Y los cierres apremian, y las juntas, y las sobajaciones, o como se diga, tambièn, mañana, al rato. Ké hago ahí, de verdad soy tan pendejo y tan poco inteligente?
Sufro al verte infeliz. Eres el motivo de mis màs grandes alegrìas, y tambièn de mis màs grandes dolores. Casi morì cuando dijiste no, casi me quito la vida y no me siento orgulloso de eso. Y casi me orgasmee cuando di gracias Dios por la coincidencia en el Mar de Cortès, y por tus ojos, y por tu boca, y por tu entrepierna. Y porque pensè que desde ese momento estos otros momentos desaparecerìan.
Hoy esto a punto, como muchas veces, de mandar todo a la chingada, incluso a mi, incluso a ti! Y para variar, no tengo huevos. Mamà Gila, tal vez es tempo de soñarte otra vez, con tus anuncios de muerte, con tus velos negros y azules, pero esta vez por mì, por nadie màs, por favor. Solo te pido que me dejes ver màs grandes a mis Chukys, pero si puedo verlos desde allà, pues es hora. Estoy listo para morir. Sòlo te encargo que mi madre no sufra.
Ojalà estè junto a ti, pero si me va a tocar abajo, mejor aguanta. Hay dos o tres cosas lujuriosas que no he hecho aùn.
Les encargo a mi amor. Todo lo que tengo, mucho, poco, tonto, valioso, es de ella y de nadie màs. No pude hacerla feliz, y por ese hecho, de ella es todo. Bueno, el carro es de Abe, promesas son promesas. Todo lo demàs es tuyo amor.
¿Era Nervo? Vida, todo me debes, vida, no estamos en paz.
jueves, septiembre 10, 2009
sábado, septiembre 05, 2009
Me dueles
¿Còmo hago para que me entiendas?
viernes, septiembre 04, 2009
Jueves de pesero
Cada jueves se ha vuelto una aventura para mi, lejana a la tranquilidad y al cd a todo lo que da en mi carro. Subo y tengo que agarrarme en chinga, pasarme el messenger bag al frente y, nomás por no dejar, adivinar entre las cabezas si hay algún lugar para sentarse, o un esquina para no sentirme torteado por el paso de todos los que se suben. Cuando encuentro un lugar bueno, me gusta observar las caras de mis compañeros de viaje en tan comunista transporte.
Hay señoras muy arregladas, estudiantes, personas muy mayores, gente con la cara de quién no encuentra empleo, y gente con una expresión de tanto relax que invariablemnte trato de imaginarme qué pasa por su cabeza para no sentir estrés.
Los vendedores son cosa aparte, y justo por ellos pensé en escribir sobre mis jueves. Ya me sé de memoria a la chava que se sube entre Insurgentes y Amores a pedir para comprar "gasas y material de curación para el equipo de rescate en el que trabaja" (sic), un guitarrista con el talento que yo tengo para hacer dietas, una mujer que aterra un poco y que cuenta unos cuentos sin sentido, el chavo que vende chocoloates porque dice ser VIH positivo, y uno que otro vendedor de cds con una grabadora colgada al cuello.
El regreso es casi siempre en aventón, en taxi o caminando, pero anoche por alguna razón luego de caminar dos cuadras, mis pies se negaron a seguir. Entonces paré un micro, mucho más pequeño que el trolebús que tomo en las mañanas, y ya arriba había un chavito vendiendo "obleas rellenas de crema de cacachuate marca La Rosa".
Si hubiera estado bañado y bien vestido, el chavo sería igualito a cualquiera de los modelos que contratamos para las portadas de los suplementos. Aún así, llamaba la atención. Me fijé en la cara de una señora que iba con sus esposo, no dejaba de mirarlo, como hipnotizada por él. Dos chavitas adolescentes se daban de codazos, y los chavitos que las acompañaban veían sólo de reojo como sin reparar en que el galán vendedor les quitaba la atención de sus prospectos.
El poder de la belleza es cierto. No miento cuando digo que el 80 por ciento de los pasajeros le compró algo, récord más alto que haya visto logrado por cualquier vendedor de camión en mis jueves de camiones.
jueves, septiembre 03, 2009
El recuerdo se desató por un estado de facebook de un primo: "has been married to the coolest person on earth for 3 years". Y pensé que eso no sería algo que pondrían de mí jamás.
jueves, agosto 27, 2009
Claudia
Suspiré y me autodescalifiqué. Era más flaco que nadie en la escuela, y eso me hacía siempre sentir incómodo. No me la quité de la cabeza todo ese día, ni al día siguiente. Investigué y era la tercera secundaria que la aceptaba pues la habían expulsado de todas. ¡Más horny aún!
Gané tanta seguridad en mí, por el simple hecho de que se hubiera fijado en mí, que dejé de traumarme por ser flaco, alto y "guerito". Hice fortaleza mi debilidad. Y aunque ni así pude lograr jamás que mi papá me prestara la camioneta para impresionar a otros amores adolescentes, llegué a segunda y tercera base sintiéndome más hombre y menos niño.
jueves, agosto 20, 2009
Nada
miércoles, julio 15, 2009
¿Cenamos?
Mi paisano
Yo no podía abrir los ojos, el cambio de horario y 2 vuelos en viernes en la noche, después de un jueves "universitario" y con dos cierres, para llegar a una boda de día a Chicago, y luego correr, 20 horas después a un junket en NY, acabaron con el ápice de ímpetu que me quedaba para soportar chingaderas.
- "No estoy sordo, pendejo". Y ahí fue cuando supe que no se debe retar a migración en un aeropuerto en alerta naranja. A ver cómo me va el fin en LA!
martes, junio 16, 2009
miércoles, mayo 27, 2009
Momentos Kodak
sábado, mayo 02, 2009
Puro cuento
jueves, abril 30, 2009
Añoranza del niño que no fue
Nadie que trabaja conmigo puede decir que ese niño sigue ahì, y duele gachito. Cuando estaba en segundo de secundaria, a los 12 años (sì, fui un niño precoz, y no en el sentido màs divertido), ganè una especie de premio porque era el que habìa juntado màs chupones. Entre màs creìas que uno de tus pubertos amigos era un niño, màs chupones le dabas. Y yo traìa el cuello como gringa tetona en carnaval de New Orlèans, antes de Katrina. Y me sentìa, estùpidamente, tan orgulloso. Algo bueno tenìa que significar eso.
Pero no era garantía de lo que pasaría, de cuànto le durarìa al puberto el alma de niño. Yo me atrevo a decir que fue hasta los 22 o 23, cuando en un cierre el niño descubriò que la camisa le apretaba de la lonja, y al pasarse la mano por la cabeza sintiò menos pelo. Eran como las 11 de la noche, y debìa una portada de Salud. Despuès, tenìa que ir a ver a una noviecita nueva, con la que sentìa màs cosquillas de lo normal, y con la que años despuès se casaba en medio de seguridades y desencantos. Yo creo que fue ese dìa, si es que tengo que buscar una fecha.
Desde entonces, no han vuelto al cuello chupones, y no quiero que vuelvan los de hijos, si es que alguna vez hay, hasta no ponerme yo uno y reìrme de nuevo de mì mismo, y escribir libros en libretas, coleccionar sellos postales de USA, comer tierra de hormigueros, bañarme en las tardes en un rìo y ver Transformers, Dinoplatìvolos y hasta Candy sin sentimiento de culpa.
jueves, abril 23, 2009
Would it be a sin?
jueves, abril 16, 2009
Las sillas de Edgardo
Debo empezar con la chispa que desató el recuerdo. Era una tarde como cualquier otra, bajo la barra de luz blanca que ve caerse a diario mi alguna vez salvaje y abundante cabellera. Era miércoles y Edgardo venía a Consejo, pero no fuimos al cine como tantas otras veces. Hablábamos de bizarridades con Sandy, y ante tan singulares temas salió el de las caídas.
Edgardo recordaba que en la entrada de su casa hay una pendiente, y que en más de una ocasión, al calor de las copas o sobrio, se ha recostado sobre ella y no precisamente para tomar el sol. El estruendo crecía, pues de ahí la anécdota se pasó a los tiempos en que empezaba a reportear, y fue a entrevistar a una viejecita que lo invitó a sentarse en una de dos primorosas y endebles sillas que, a la vista de Edgardo, eran antiguedades alemanas.
Sólo una mesa con una bonita carpeta tejida y flores de plástico lo separaban de su interlocutora, y el se posó sobre el tejido de mimbre de la silla. A mitad de la entrevista, el tejido de mimbre decidió dejar de existir, y a Edgardo se le encajó el trasero en el cuadro de madera, pero digno él, no dijo nada y continuó charlando.
Al terminar la entrevista, Edgardo no podía destrabar su aprisionado trasero, pero el destino quería reírse aún más de él, y de su trasero. Mientras empinaba una taza de te con el meñique al aire, la delicada silla crujió primero, para luego dar paso a un estrepitosa explosión.
Las carcajadas mientras nos contaba el asunto nos hicieron merecedores de miradas inquisitivas alrededor de la oficina, pero bien valieron la pena.
Entonces recordé aquella silla blanca de plástico de Chedraui, que tenía una pata traicionera y que hizo pasar singulares escenas a muchos amigos que me visitaron en aquél departamento del centro de Villahermosa, y que nunca quité, maquiavélicamente, porque nos hacía a todos la tarde, aunque no sé qué tanto al que resultaba presa de su furia.
El escenario era así: alguien llegaba, y ante la falta de espacio dónde sentarse además de la cama, la silla del terror era requerida para platicar, chelear, terapear, hacer tarea o fumar a gusto. La pata delantera izquierda empezaba sigilosamente a doblarse, y como si supiera de protagonismos, la silla elegía el mejor momento para dar un reparo digno de chivo en castración, y aventaba a su ocupante hacia las alturas, impulsado por la fuerza de aquella pata que se resistía a quebrarse. Pocas veces en mi vida me he reído tanto y tan francamente, como niño que prepara una travesura y espera a que las piezas se acomoden.
De buena fuente sé que esa silla sigue haciendo de las suyas, porque hace algunos años que volví a aquél departamente que ahora ocupan otros 6 universitarios, amigos de los amigos de los amigos que fuimos cediendo nuestro turno al dejarlo, la vi arrinconada en la zotehuela, esperando quiza una fiesta y que alguien la requiera para descansar después de bailar.
jueves, abril 02, 2009
De Baco y erizos africanos
Siguiendo su bizarridad acostumbrada, hace rato vino Adolfo con algo que llamé ratas egipcias, pero acabo de marcarle y me confirma que se llaman erizos africanos. Son bebés y están dormidos en una bolsa de papel, y sin atreverme mucho a tocarlos, él saco a uno de ellos y lo puso en mi mano. Ahora huelo a como olían mis pies con los pecueca shoes, y no tengo tiempo, ni ganas, de recorrer todo la empresa para llegar hasta el baño. Además, tengo como la presión baja y la tolerancia alta, así que esperaré paciente.
Encuentros
Me debatía entre si sacarlo de debajo de los cacharros, si tomarlo con una toalla, si atreverme a levantarlo, a hojearlo, siquiera a preguntar si tan valioso tesoro estaba a la venta. "5 euros, tío". Y entonces le hice honor a wikipedia y la vista se me nubló un poco. El libro está intacto. Tiene dentro un ticket de algo como El Corte Inglés, pero de una compra distinta. Las ilustraciones están como si hubieran sido pintadas ayer, y ahora está en mi casa, casi sujeto de estar en un altar.
No puedo esperar a sentarme y leer, como en aquél agosto de 1986, mientras me resistía a hacer la primera tarea de cuarto de primaria sentado en el escritorio de mi papá:
"Hoy ha sido el primer día de clase. Los tres meses de vacaciones,
que al principio me parecían tan largos, se han esfumado".
martes, marzo 24, 2009
Pesadilla
Diosidencias
Al subir al carro, Joel me dijo que creía que en esa casa había crecido Mario, su terapeuta que está a punto de dejar de serlo porque se volvieron amigos. Y entonces hice clic. ¡Ortiz Rovirosa! Conocía a Mario desde hacía años, y acababa de saludarlo sin saber que era él. Nunca se me ocurrió pensar que era tío de Adolfo, y le llamé para confirmarlo. Joel le llamó a Mario y le dijo, lo recuero como si estuviera oyéndolo ahora: "Ese David que acabas de saludar en tu casa, que fue a ver a tu mamá, es el compadre que ha salido en las terapias". Regresamos a hacer evidente la coincidencia, y Mario, quien me había dicho cuando me conoció que me imaginaba más grande, ahora me dijo que me imaginaba más pequeño. El mundo no es un pañuelo, lo que le sigue!
Ya hace una década atrás, en el canal en Villahermosa tenía un cuadro en mi oficina de los pantanos de Centla, que se formaban con las iniciales LRW. Leandro Rovirosa Wade, ex dueño del canal, ex gobernador de Tabasco, primo de mi Aby.
And we were a part of it
martes, marzo 03, 2009
I want to be a part of it




miércoles, febrero 25, 2009
Frío
En el ya permanente deja vú, leí los restos de una historia de amor de un amigo que me hizo, por alguna razón, llorar. Me vi muy maricón, pero entre tantas emociones encontradas de los seres que quiero y más veo en todo el día, por un momento me sentí como espectador de una película, que ve morir el más puro sentimiento humano: el amor.
Lo que leí fue una muestra de amor incondicional, de cómo puede amarse más al otro que a sí mismo. Sólo recuerdo una frase: "Te amaba de tal manera, que me concentraba y rezaba para que vieras nevar en Nueva York".
domingo, febrero 22, 2009
Slumdog Millionarie...
Nunca se me hizo màs corto el camino a Manacar, y es que redescubrì què majestuosa puede ser una mañana de sàbado, sobre todo, a travès de los jardines de la UP. Gente desayunando bajo el Sol en las mesitas de los portales, pasto reluciente y novias mañaneras esperando en sus autos por el prìncipe azul para entrar a la iglesia. Escribà de Balaguer se hubiera sentido orgulloso, y yo me sentì con ganas de formar parte del cuadro, pero me quedaban sólo 7 minutos y debìa caminar pronto. Hasta vi un departamento que podrìa ser EL departamento.
Total, un chavo qùe me recordò al que trabaja en hamburguesas Krusty me dijo que disfrutara la pelìcula, y subì hecho la mocha a una sala en la que no había nadie màs que yo. NADIE. Sentì un poco de miedo, no sè porquè, y me dispuse a sacar todo lo que entrò en mi mochilita de contrabando.
No sè si fue la soledad, el no hablar con nadie o què, pero me Backyard me deleitò. Me sentì un tanto irresponsable de que eso pase en Mèxico y yo no haga nada por pararlo, me sentí hèroe y casi quise renunciar e todo e irme a vivir allà y atrapar al o los responsables, volverme policìa y colgarme unas 3 medallas, pero pensè que serè realista y empezarè a buscar info en internet y firmarè cuanta iniciativa ciudadana halla en pro de que eso se aclare, y sobre todo, se detenga.
Hoy voy a ver Slumdog para tener màs informaciòn antes de ver los òscares, ayer La Duda me dejò asì, con dudas de sì me gustò o no, en momentos me aburriò un poco, pero tengo una expectativa altìsima da "Quiero ser millonario", o como le hayan puesto en spanish. A ver què tal. And the oscar goes to..
miércoles, febrero 18, 2009
De amigos y cosas mejores
Oyendo a Adolfo en su espectacular depresión, me redescubrí a mí hace unos 10 años. ¡10 años! Hace poco esa era mi edad, de verdad, no me parece que haga tanto tiempo que no sabía qué hacer cuando tenía una erección inesperada. Y hoy, "adulto" ya, encuentro uno tras otro, nuevos seres humanos con los que me identifico tanto, que no puedo esperar para convertirlos en mis amigos.
Ayer me llamó la mamá y mi nueva "Aby", madre y abuela de Adolfo. Yo no sé qué les dijo él, pero el encargo era "por favor que coma", "llévalo a chelear", "vengan al carnaval". Me sentí tan bendecido de que un par de mujeres en sus 50s y 80s preocupadas de su retoño confiaran en mí para hacer algo por él, que algo bueno tuvo que haberles dicho de mí para que me llamaran y pudieran sentirse, en su preocupación, un poco más tranquilas.
Adolfo, ¡no sabes todo lo bueno que has traido a mi vida! Es de esas fortunas de ser compañeros de trabajo, pero descubrirse en el fondo amigos. Así me pasó siempre con mis mejores amigos: Gabriel, Joel, Javier, Natalia, Hanako, Tan, Ale, Kar, Adry.
También ayer, Edgardo me envió un mail en su acelere regio para decirme, así, llanamente, "te adoro". Yo le dije que esperaba que él se hubiera casado con Salma. Pero el punto es que hoy que lo vi llegar a la cena de consejos, no pude menos que correr como adolescente enternecida a abrazarlo, y el abrazo era lo más sincero que un abrazo puede ser. Me sentí privilegiado.
La semana pasada me reencontré telefónicamente con Ana, a quién no veo hace unos 8 0 9 años y a quien nunca pude localizar para mi boda. Me contó tantas cosas, que no pude menos que apretar una lagrimita. "¿Te acuerdas que veíamos el frasco de la mayonesa para ver si tenía que guardarse en el refri?", "¿te acuerdas del huracán cuando salimos del cine', "¿te acuerdas de Raquel, de los colombianos, de las tareas a máquina eléctrica?". Recuerdas, recuerdas, recuerdas.
No recordaba nada, y una amiga en el tiempo y en la distancia sí lo recordaba, y me hizo recordar a tantos amigos que nos perdimos en el camino de la vida y no sabemos nada de nadie. A algunos los imagino con hijos, a otros en el alcohol total. Los extraño Julio, Julio César, Félix, Merino, Tovar, ¿dónde están?
Y los nuevos encuentros siguen. Juan Carlos es un nuevo "amigo" cibernético. Creo que está muy solo y a veces lo siento medio freak, pero hay algo en lo que leo que me hace pensar que la casualidad nos hacía falta a los dos.
Un día Val me dijo algo que no entendí bien hasta hoy: "tú eres de esas personas que cuando uno piensa que ya no queda nada, escarbas". Me siento bien así.
Cuando la metáfora nos alcanzó
Generalmente, las conversaciones nocturnas no pasan de "¿cómo te fue hoy mi amor?", pero ayer en la mañana, la metáfora aquella de "las deudas no dejan dormir", nos alcanzó. Y es que nos levantó la grabadora del teléfono que entró a todo volumen a las 7 de la mañana con un amenazante ejecutivo de tarjeta de crédito de algún banco diciendo "No se esconda, no se esconda". No se me ocurre una peor forma de empezar el día, pero algo tan desgradable nos hizo hablar más allá de "qué rico estaba el pay que me comí". Gracias ejecutivo de banco con el trabajo más triste del universo, por traer algo de acción a mis rutinarias noches.
Me permito reproducir, sabiendo de la nobleza de Mr-Ñets, bloggero al que siento más cercano cada vez que lo leo, un par de párrafos de su post Desviaciones épicas, en http://poraquiteveo.blogspot.com/, el mejor blog que haya leído, y que, pese a todo, no baja el ánimo ni la guardia jamás.
"Más tarde, a horas que no son horas, te acuestas con ella que está más agotada que tú y que supone que tú te la pasas súper chispa. En ese momento de silencio quisieras tener la imaginación suficiente para contarle las aventuras del Príncipe Eugene Van Huggies Etapa Cinco, quien con su escudo bien humectado y un temple sin alcohol y sin aroma, conquista a diario la tierra del mojón con elotitos. Pero a esas horas no hay iniciativa en la narrativa ni ganas bajo la piyama.
"Te acuestas como feto dando la espalda a tu mujer. Otro día se te acaba y tú sin decirle que allí estás, y que aunque extrañas tener el tiempo y el espacio del llanero solitario, tu reino comparte terreno y ríos y siembras con el suyo. Ella, desde su lado de la cama, también extraña sus años de soltera y ahora siente deshojarse como una princesa desterrada".
martes, febrero 03, 2009
Tú
En el tiempo sòlo que tuve en Las Vegas, por fin tuve tiempo para mì, para pensar tambièn en nosotros, porque quiero creer en nosotros. Tengo una cosa clara, te amo. Con todas sus letras, con toda la fuerza. Decidì que te harè saber lo que no me gusta, porque guardàrmelo no me ha servido para nada, y sòlo crea un espacio que no quiero que halla entre nosotros. Y es una decisiòn que voy a cumplir, porque mi silencio no me ha traìdo nada bueno, y creo que a ti tampoco.
Hay algo que especialmente hizo mella en mi. ¨A veces me siento tan sola¨, dijiste, y me puse a pensar que yo no me he atrevido a decirte eso cuando me siento asì, y debo hacerlo, porque podemos acompañarnos, y debemos, no porque tenga que ser asì, porque quiero que sea asì, y espero que tù tambièn.
No estàs sola. Perdòname cuando no me has sentido ahì para ti, pero siempre lo he estado, es sòlo que a veces no sè còmo demostràrtelo, porque me siento intimidado por ti.
Llorè mucho en el aviòn de regreso, espero que no lo hayas notado porque no querìa arruinar lo felices que estuvimos, pero es que yo me derrumbè en el aeropuerto. No pude màs, y es que sentì que una vez màs, las vacaciones se empañaban por algo. Luego anoche, en la pelìcula, casi me sentì tonto de haber comprado una membresìa doble, pero luego pensè que lo hice porque querìa disfrutarla junto a ti, no solo, a pesar de lo que pasò. Y es que cuando muera, quiero que en mi tumba diga que ahì estàn los restos de un hombre que tratò de ser feliz, porque creo en lo que te dije, y quiero creer en nosotros.
Aplausos al Bellagio
Ya frente al Bellagio, como a 2 grados, me detuve a descansar de las ampollas en los pies. Y entonces empezò el espectaculo que tantas veces habìa visto desde mi ventana en el Caesar, pero no desde la calle. Era un canciòn de Shania Twain, o como se escriba, y casi llorè. Venìa ya muy sensiblòn de la expo, de la mùsica, de los recuerdos de ese sueño cuando tenìa 14 años, de whisky, y ver la magia del agua en las fuentes me llevò al extremo.
¨r u russian?¨ Me preguntò una rubia con la mirada de quien no puede estarse en pie. La mirè como hacìa mucho no miraba a una mujer, porque sentì algo de compasiòn porque algo de mì vi en ella. Sola en Las Vegas, sin nada màs que hacer que imitar a Nicolas Cage en Leaving Las Vegas y tratar de olvidar cuàn miserable se puede llegar a ser, y cuànto puede herirte lo que se ha amado tanto.
Seguì caminando. Arriba ya me aguardadaba el fantasma de los sinsabores vacaciones, una, dos, tres veces. Y entonces quise morirme, pero no tuve los huevos para hacerlo.
Pero hoy, de vuelta, me siento mejor, a pesar de la infecciòn en los ojos. Hoy como en la pelìcula., quiero decir sì.
Bajo cero
Serà posible vacacionar sin dolor?
La burra no era arisca, la hicieron.