Intentando ordenar lo que no se ordena en mi cabeza... o que no tengo ni ganas de ordernar.
viernes, julio 13, 2012
Torn
http://www.youtube.com/watch?v=VV1XWJN3nJo
miércoles, junio 27, 2012
La Mariposa Azul
Hoy la personaje interesante fue grandilocuente (no sé bien qué siginifica, pero es una palabra divertida y suena perfecto para este caso, y qué hueva goglearlo). La Mariposa Azul, como le pondré, llegó con una sonrisa de Mona lisa, verso sin esfuerzo, y de inmediato algo reaccionó en mi cuerpo (que no, que no fue esa parte del cuerpo).
Apenas puedo describir la magia, además de las coincidencias, las "Diosidencias". Tenía mucho tiempo, por no decir que nunca, que no sentía tal nivel de emoción por un nuevo libro.
Que siempre que me tope con la grandeza, tenga la capacidad de reconocerla, y abrazarla.
miércoles, junio 20, 2012
Llueve en Río Mixcoac
Comité internacional después, llamadas dizque vip después, llueve en Río Mixcoac. Hay voces de desprecio al día, y otras de los qu siempre ven el vaso medio lleno o aman la depresión, que lo idolatran. A otros, se les ve la pijama debajo del pantalón.
Yo no sé, pero qué a gusto estoy con la segunda (la cuarta en realidad) taza del café de este día. No tengo memorias de café. Mis papás no son cafeteros ni me remite a mi infancia, ni nada. Y me gusta tanto como esas cosas que siempre me remiten a algo. Tal vez el café es simplemente como el sexo. Pero más rico.
jueves, febrero 23, 2012
martes, febrero 07, 2012
viernes, diciembre 16, 2011
Mr Frustración
No tengo una arracada en la oreja, no soy desempleado ni toco la guitarra o la batería. No me cojo a una vieja en cada antro, no fumo como chacuaco, no me emborracho en martes por la mañana, no tengo hijos por ahí. No quiero ya tener hijos.
No uso botas ni cinturones piteados, aunque amo las camisas vaqueras. También amo la música de banda y nada como esas canciones para tomar un tequila o un whisky. Aún así, no es suficiente ni visible.
No puedo llevar un archivo ordenado de los procedimientos médicos de mi papá y atender a tres hijos al mismo tiempo, y quedarme tiempo para ser brillante en mi trabajo.
No sé qué puedo hacer. No sé qué quiero hacer. Vivo en una apariencia de pendejadas para tratar de arrancar sonrisas a quienes no importo. Estoy muy cansado.
jueves, diciembre 15, 2011
Espectador de esquina de hospital
"No", "no", "no". ¿Qué no estaba resignado al lugar que siempre he ocupado? ¿Qué no se supone que estaba bien? ¿Y qué no era yo muy noble y bueno? Sea de donde sea que venga esto, no me gusta, ni un pelo. Remar contra corriente cansa más de lo que creí. Tapar el Sol con un dedo me ha quemado las retinas.
jueves, noviembre 10, 2011
un valiente!
Mi Patolín adorado, la mejor de las suertes, que el amor entre tú y la person sea la fuerza que los mentenga felices, unidos, cómplices. Gracias también por hacerme parte de esto. Qué bueno es que el amor viva en estos tiempos tan cabrones.
Yo soy
Los minutos y las copas pasan y y ahí está ella con su collar de plata, con una sonrisa, con una copa en la mano izquierda, con su peinado perfecto. Tiene 50 y tantos y es la reina del lugar. Flashazos, más flashazos, pasado mañana los periódicos estarán inundados de ella, de nosotros los que la rodeamos sin más razón que el convencimiento, unos, el interés, otros, el compromiso, los más, como bien prueba el tráfico de Polanco. Quien quería estar, estuvo porque soportó hora y media de Mariano Escobedo a La Martine.
Y me descubro disfrutando. Nadie hubiera pensado que una hora y media antes firmaba donaciones, uso de órganos, trámites que dan miedo y que aterran a mi familia y a mi.
Pero no tengo culpa. Disfruto genuinamente. Y lo agradezco porque lo necesitaba. Blackberry apagada, whisky en la izquierda y marlboro en la derecha. Terraza, skyline, Armani. Mi superfluo escape es perfecto, y lo disfruto como una montejo en un pueblo sin luz en Tulum, desnudo y con pulseritas hippies en la mano.
Soy dos. Bueno hoy, soy seis.
domingo, noviembre 06, 2011
Harto
Tres insinuaciones no fueron suficientes, probablemente necesitaba más humillación. Y la seguirá teniendo, lo sabe, pero su grado de pendejez y de clonazepam no lo hacen lanzarse. Y su miedo. Y la espera. La horrible espera, que entre las 1o y las 12 se le volvieron pretexto.
sábado, noviembre 05, 2011
Montes Azules
Me perdí hace años, alguna vez que fui de paseo a Yaxchilán. Sucedió mientras daba la vuelta a una pirámide, o al intentar volver a la lancha. Me fui tal vez a Guatemala, secuestrado por mis miedos y mis ambiciones. No volví jamás y me pregunto dónde estoy, cómo visto, si tengo calzado o si me he convertido en un Mogli de la selva centroamericana.
Seguramente tengo el cabello largo, y como peces, y tengo como amigo a un león con el que que me bebo el azul del río Tulijá. De vez en cuando, recuerdo mi condición humana y me ligo a una turista europea, con apenas usar palabras, porque he olvidado casi por completo el idioma.
Mi estrés consiste en conseguir un buen pez y en encontrar una fruta para postre. No necesito llorar para recomponerme y no busco resquicios de sol para disimular la palidez de mi cara, porque tengo bronceadas hasta las nalgas. Me deshice hasta del taparrabo ya.
No uso lentes ni sé qué es una computadora, olvidé ya todo lo que no conviene para ser feliz. Mi propósito es ese, sólo ese. Pero ese yo, seguramente tiene nostalgia también, y entonces en un viaje astral me envía el recuerdo de que Adán sin Eva se divierte menos, tal vez. Y con una sonrisa estúpida y con unas ojeras cada vez más pronunciadas, muerdo la manzana. No sé si está envenenada.
Un instante cualquiera
A flor de piel, llevaba el deseo de roce, de privacidades reveladas, compartidas, casi ilegales. De sabores en la boca y de placeres bajo la cintura. Se perdió tras un muro gris con restos de glorias blancas.
jueves, octubre 13, 2011
De coeur inconnu
martes, octubre 11, 2011
Más de lo mismo
Mi papá la lleva ganada, me dice el corazón, y un trasplante a la vuelta de la esquina nos lo confirmará, bajo la gracia de Dios. Antier, mi tío Pedro, hace tres semanas, mi tío Balta. Están en pie de guerra los tres, más Leo, más Debora, más otros afectos y conocidos que, invariablemente, me conocen.
Yo soy el eje rector de esa mierda, al menos desde mi perspectiva. Yo soy el mosh de los que conocen a gente que se va por su causa. A mi mente viene la cadena tensa de perlas del sueño aquél, que me toca destensar. ¿Y cómo se hace? ¿Y cómo se repara lo que no se sabe enfermo, y como se alivia lo que sí?
Si viene por mi, pues ahora sí quiero darle la guerra, mi guerra. Ante la posibilidad de muerte, la guerra es del afectado, tarde entendí, los demás podemos luchar a su lado, pero sólo eso, a su lado, no en ellos, no por ellos.
Aquí no huele a nada. Quizá a los helechos adoptados el domingo, pero no huele a más. Aún no huele a triunfo.
Teléfono. Era mi padre. Esta enfermedad también tiene sus regalos. ¿De cuándo a acá yo tengo llamadas con mi padre? Hemos reído. Tuvimos risas nerviosas del tráfico que hay de la Del Valle al Hospital Español. La calma chicha antes de encerrarse a piedra y lodo durante 21 días en una habitación cuyas ventanas no dan a ningún lado, y la que el sonido "bip bip bip bip bip" no debe ausentarse jamás.
"Estoy muy orgulloso de los hijos que tengo", me dice como de paso. Sonrío, como si pudiera ver mi cara del otro lado del teléfono. Guardo silencio. Busco algo inteligente qué decir, corresponder al gesto.
"Yo también del padre que tengo", no le digo. "Gracias papá, somos reflejo de los papás que tenemos", sí le digo. Incluyo a mi madre, como él incluyó a mis hermanos. Se me va un momento perfecto de decirle de la mejor forma que me siento profundamente orgulloso de la sangre que tengo, de dónde vengo. Soy un maricotas, dicho con el mayor dolo del mundo hacia mí. Me faltan huevos para decirle a mi padre todo lo que significa para mi, a pesar de lo que está viviendo, de no que no hemos salidos de hospitales en los últimos meses.
Estoy viendo el teléfono.
viernes, septiembre 16, 2011
Visitas
Mi papá dormita en la sala. Es un regalo divino que esté aquí, en mi casa, con vida y relajado, tranquilo. Ha sido una de las semanas más terribles en su vida, y en la mía también. El martes me quebré, y subí varios peldaños en la escalera de ser adulto. Pero no quiero hablar de ese día, martes 13, además. No quiero ni recordarlo.
Mis párpados pesan, pero hay paz en casa. Todas las mujeres de esta semana han salido a comer, y yo no he encontrado mejor espacio para hablar con mi papá, para sanar, para agradecer, para sentirme su hijo.
El martes, ese del que no quiero hablar, me sirvió para reconciliarme con el lugar de hijo que ocupo en su vida. Aplaqué mi soberbia. Después de todo, el día no fue tan malo, tal vez. Pero me siento cómodo y a la vez tranquilo, satisfecho con lo que soy en su vida, y no pretendo más. Me es suficiente el amor, y hasta sobra, porque es mucho más, quizá, del que tenga para él. Pudimos hablar y recordar. Quizá, como nunca en 33 años de que llegué a su vida.
El sol entraba por la ventana del comedor y caía sobre una planta en una maceta de barro que nunca encontré más hermosa. Yo podía ser un adulto, no pretender ser uno. Me sentí cómodo con la alfombra manchada, el depa tamaño huevo y las dos habitaciones. Es lo que he logrado con mi esfuerzo, no he logrado más. Pero está bien y estoy satisfecho. Él lo nota, y me comparte lo juzgado que se sentía por su hermano mayor. Le agradezco el gesto.
Hago unas pruebas del diplomado que disfruta por momentos, y en otros lo incomodo terriblemente. Le recuerdo que no hay respuestas buenas ni malas. El momento se rompe, pero he obtenido más que en muchos años. Dios no me deja irme de esta vida sin tener un momento real con mi padre, como yo anhelaba. Es mucho más de lo que pude haber soñado.
Luego, después de cuestionarios del diplomado que nos enserian o nos hacen reír, no me atrevo a preguntarle si se siente orgulloso de mi. Ya lo haré, si reúno el valor alguna vez, si el tiempo nos alcanza.
Hallé las golondrinas de Bécquer: "Volverán las oscuras golondrinas, en tu balcón sus nidos a colgar".
jueves, julio 07, 2011
En batalla
Me he comprado un veneno para darle cuando esté fuera de mí. Espero poder enterrarla muy lejos, muy profundo, sin riesgo de que vuelva jamás. Colocaré sobre ella escupitajos como señal de mi desprecio, y grabaré en la tumba una advertencia de mantenerse alejado de ahí. No sea que le tome el pie a alguien y se cuelgue como lo ha hecho de mí. No más.
viernes, junio 24, 2011
Hoy no
Desnudo, me recosté sobre la cama recién tendida. Qué libertad, qué placer. Disfrutar despertar, estar vivo, ser y estar. Como hace meses no. Gracias fatiga crónica, depresión o estupidez por regalarme un viernes sin ti.
martes, junio 21, 2011
Una foto, un disparador
No recuerdo qué edad tenía cuando vi por primera vez esa foto. En ella aparece Tito, mi primito. Estaba en la entrada de su casa, en la parte del pueblo llamada "La colonia". Era una serie de casas de madera con techos de dos aguas en medio de la selva, a la orilla de un camino de grava que luchaba contra el fértil pasto verde bandera que sólo crece en Chancalá. Desde cualquier punto de "La colonia", se oía el murmullo del río. Fuerte, constante, fresco.
Me encantaba ir ahí porque me sentía en otro mundo. Ahora pienso que parecía el pueblo de la iniciativa Dharma en Lost. Había una "palapa de fiestas", un parque con juegos y un hospital, a cargo de mi primo Roberto, papá de Tito.
Su esposa, mi prima Elia, cocinaba unos pasteles deliciosos que a mi me gustaba mucho combinar con leche. Era una casa en que se respiraba felicidad. La casa nueva en medio de un paraíso, un trabajo a dos pasos, sólo gente que iniciaba una nueva vida en el maravilloso pueblo donde crecí.
Yo vivia ahí, fuera de "La colonia", pero ahí. Junto a ese inmenso río, a ese ruido que sólo tiene un pueblo pequeño. Mientras estuve, nunca supe lo afortunado que era. No sospeché tampoco que esos primeros 8 años de mi vida me marcarían como lo han hecho, para bien y para mal. Lo recuerdo aún cuando la gente no distingue entre una planta de plástico y una natural,o cuando nunca han visto un tigre en libertad, o bueno, una vaca.
Lo recuerdo también cuando la gente discrimina. Yo la sufrí cuando niño. Todos eran morenos, y yo odiaba mis pinches ricitos rubios. Si se vale, pues yo discrimino a quien discrimina. Me da pena.
La vida es tan encabronadamente sabia que ahora, la hermana de Tito, mi primita Elita, (perón los diminutivos pero aunke ahora tengan 25 yo los veo de 3 o 4 años) es casi mi vecina. Nos separa el parque de los venados. Es mi primera familiar de sangre en el DF. Ya no tengo que decir que tengo sólo a mi familia política aquí.
A lo lejos, como cuando estaba seco en Chancalá, el río empieza a sonar.
miércoles, junio 08, 2011
Mi PIN
Luego de resistirme por años, un mega oso, y la desesperante necesidad de volver a la oficina desde cualquier punto de la ciudad para revisar mails tontos, pero urgentes, me hizo lanzarme a un módulo de celulares en Liverpool Insurgentes.
Salí con una blackberry touch con cuanta cosa se pueda imaginar. En la sala de mi casa, por ejemplo, el satélite marca que estoy en una calle, en la cocina, en otra. Puedo ver la tele (no se me ocurre cuando tenga necesidad de verla en la black, pero ya sucederá, seguramente), y el costo me pareció razonable: 340 y tantos pesos con internet ilimitado, más 200 minutos libres y mamaditas extra. Gracias Iusacel! Y no es sarcasmo.
A menos de 48 horas, debo confesar que soy ya un adicto. Espero no convertirme en uno de esos weyes o weyas que en los restaurantes no pelan a su chava, chavo o comensal interlocutor por estar metidos en el messenger. Es una promesa solemne. No lo haré. Pero mientras no esté en eso, le daré duro. Es la verdad.
La gota que derramó el vaso sucedió el domingo en la mañana. Mientras estaba en el St. Regis con el autor de más pedorreo que me ha tocado atender, su blackberry se descargó. Le urgía saber si su perro, en Alabama, había desayunado croquetas o carnaza. O algo así. Entonces me pidió mi black... y yo mentí diciendo que se había mojado... pero que tenía un celular temporal, el cual no dudó en decirme que le serviría perfecto. Entonces saqué tímidamente mi celular. Es una especie de tamagochi del 2003, le falta la tecla del uno y la tapa de la batería esta quebrada, por lo que un diurex lo ayuda a mantenerse en una sola pieza. La pantalla está rayadísima y pesa lo que un ladrillo de los rojos.
Mr. Smith me miró con desdén. Era la misma mirada que me ponen en las juntas cuando en una sala, todos ponen su black sobre el escritorio y yo no pongo nada. O pongo un café para disimular. O la mirada que ponen cuando me piden mi PIN y yo intento hacer una broma para desviar el hecho de que soy el único en esta empresa que no tiene una black. O no tenía.
Pero agárrense, que mi versión es más moderna, y touch. Y con giroscopio. Y con un pantallón. En pocas palabras, en lenguaje macho, la tengo más grande. Al menos, por ahora. Las miradas en el elevador de hoy fueron muy satisfactorias. Fingí que he tenido esa black desde siempre, nomás por apantallar. Que wey soy. Pero no puedo evitar disfrutarlo!
¿Me pasas tu PIN?
jueves, mayo 26, 2011
El mal del autor
Y ni siquiera hablo de artistas literarios, hablo del género quizá más corrompido en el mundo editorial, la no ficción. Hay de todo, debo decir, pero es extraño el caso de éxito que no vaya acompañado de un ego enfermo y odioso, que hace que lo último que quisiera es terminar una feria o una agenda de prensa, o una presentación, y tener que sentarme a compartir una copa de vino con él o con ella. Es una pena. He leído libros maravillosos de este género en el que trabajo y del cual no soy consumidor habitual, cuyo encanto se me cae al conocer al autor, y viceversa.
Aguas autores, la gente no es tonta. Una cosa es la pasión por promover, y otra, es el ego enfermo de reconocimiento a su vacío interno, que ni 280 pàginas de letras pueden llenar. La respuesta no está en un libro, aléjense de tan noble objeto, por favor. Mejor háganse un blog.
miércoles, mayo 25, 2011
Sin título
Se regocija en su soledad y en sus silencios, ahora violados además, por una nueva línea del metro cuya construcción no parece terminar jamás. Y añora, chafamente, lo que ni ha sido, pero insiste en creer que sí ha pasado, que eso vive en su recuerdo y no en su imaginación. Tal vez sólo está muy cansado.
viernes, mayo 06, 2011
El país de uno
El país de uno
Por Denise Dresser
Alguna vez, el periodista Julio Scherer García le pidió a Ernesto Zedillo que le hablara de su amor por México. Le sugirió que hablara del arte, de la geografía, de la historia del país. De sus montañas y sus valles y sus volcanes y sus héroes y sus tardes soleadas. El ex Presidente no supo qué contestar. Hoy es probable que muchos mexicanos tampoco sepan cómo hacerlo. Hoy el pesimismo recorre al país e infecta a quienes entran en contacto con él. México vive obsesionado con el fracaso. Con la victimización. Con todo lo que pudo ser pero no fue. Con lo perdido, lo olvidado, lo maltratado.
México padece lo que Jorge Domínguez, en un artículo en Foreign Affairs, bautizó como la “fracasomanía”: el pesimismo persistente ante una realidad que parece inamovible. La corrupción no puede ser combatida; los políticos no pueden ser propositivos; la sociedad no puede ser movilizada; la población no puede ser educada; los buenos siempre sucumben; los reformadores siempre pierden. La luz al final del túnel sólo ilumina el tren a punto de arrollar a quienes no pueden eludir su paso. El país siempre pierde. Los mexicanos siempre se tiran al vacío desde el Castillo de Chapultepec y no logran salir de allí. Por ello es mejor callar. Es mejor ignorar. Es mejor emigrar.
En México, como diría Elías Canetti, los pesimistas son superfluos y 2004 demuestra por qué. Éste es el año de los videoescándalos y la videoviolencia. De los maletines llenos y las reformas inexistentes. De los priistas robustecidos y los panistas divididos. De las primeras damas que quieren el poder y de las mujeres que abusan de él. Del sabotaje a Andrés Manuel López Obrador y del autosabotaje a sí mismo. De la sucesión adelantada y la política paralizada. De desafueros amenazantes y consortes que también lo son. Éste es el año de marchas que no van a ningún lado y de presidentes que tampoco lo hacen.
Vicente Fox se encoge en Los Pinos mientras Marta Sahagún no quiere que la saquen jamás de allí. El Niño Verde negocia un soborno mientras su partido vive de ellos. René Bejarano carga maletines mientras Carlos Ahumada los llena. El embajador ante la OCDE compra colchones y el erario los paga. Dos policías arden en Tláhuac mientras Marcelo Ebrard decide qué no hacer. Roberto Madrazo se apropia del PRI mientras su partido se lo permite. Crónica de catástrofes; crónica de corruptelas; crónica de personajes demasiado pequeños para el país que habitan.
El país de las contradicciones permanentes. El país de las máscaras que ocultan y las caras que sonríen. El país que produce a Marta Sahagún pero también a Marta Lamas. Que produce a Fátima Mena pero también a Fátima Fernández Christlieb. Que produce a Manlio Fabio Beltrones pero también a Rossana Fuentes Beráin. Que produce a José Murat pero también a María Rojo. Que produce a René Bejarano pero también a Julieta Fierro. Que produce a Roberto Madrazo pero también a Ricardo Legorreta. Que produce a Jorge Hank Rhon pero también a Jorge Volpi. Por cada tache hay una paloma. Cien palomas. Miles.
Frente a todos los motivos para cerrar los ojos están todos los motivos para abrirlos. Frente a las razones para perder la fe están todas las razones para recuperarla. Los murales de Diego Rivera. Las enchiladas suizas de Sanborn’s. Las mariposas en Michoacán. El cine de Alfonso Cuarón. El valor de Sergio Aguayo. Los huevos rancheros y los chilaquiles con pollo. La sonrisa de Carmen Aristegui. La medalla de Ana Gabriela Guevara. El mole negro de Oaxaca. Los libros de Elena Poniatowska. La inteligencia de Lorenzo Meyer. Los tacos al pastor con salsa y cilantro. El humor de Carlos Monsiváis. El mar en Punta Mita. Las canciones de Julieta Venegas. La poesía de Efraín Huerta. El Espacio Escultórico al amanecer. Cualquier Zócalo cualquier domingo.
La forma en que los mexicanos se besan y se saludan y se dicen “buenas tardes” al subirse al elevador. Las fiestas ruidosas los sábados por la tarde. La casa de Luis Barragán. Los amigos que siempre tienen tiempo para tomarse un tequila. La decencia de Germán Dehesa. Los picos coloridos de las piñatas. Las casas de Manuel Parra. Las buganvilias y los alcatraces y los magueyes. Las caricaturas de Naranjo y los cartones de Calderón. El helado de guanábana. La talavera de Puebla. Las fotografías de Graciela Iturbide. Los mangos con chile parados en un palo de madera. Las comidas largas y las palmeras frondosas. La pluma de Jesús Silva-Herzog Márquez. Las mujeres del grupo Semillas y las mujeres que luchan por otras en Juárez.
Cada persona tendrá su propia lista, su propio pedazo del país colgado del corazón. Una lista larga, rica, colorida, voluptuosa, fragante. Una lista que debe comenzar con las palabras de la chef Marta Ortiz Chapa: “Siempre me gustó ser mexicana”. Una lista con la cual contener el pesimismo; un antídoto ante la apatía; una vacuna contra la desilusión. Una lista de lo mejor de México. Una lista para despertarse en las mañanas. Una lista de Año Nuevo. Una lista para pelear contra lo que Susan Sontag llamó “la complicidad con el desastre”.
Porque el credo de los pesimistas produce la parálisis. Engendra el cinismo. Permite que hombres como Manlio Fabio Beltrones promuevan el juicio político contra los jueces de la Suprema Corte y nadie se lo impida. Permite que los partidos vivan del presupuesto público sin cumplir con la función pública. Permite que los legisladores no actúen como tales. Permite la persistencia del status quo. El pesimismo es el juego seguro de quienes no quieren perder los privilegios que gozan, los puestos que ocupan, las posiciones que cuidan. El pesimismo es la cobija confortable de los que no mueven un dedo debajo de ella. Es el lujo de los que rentan el carro pero no se sienten dueños de él.
Y durante demasiado tiempo, México ha sido un país rentado para sus habitantes. Ha pertenecido a sus líderes religiosos y a sus tlatoanis tribales y a sus colonizadores y a sus liberales y a sus conservadores y a sus dictadores y a sus priistas y a sus presidentes imperiales y a su intelligentsia y a sus partidos y a sus élites. No ha pertenecido a sus ciudadanos. Por eso pocos lo cuidan. Pocos lo sacuden. Pocos lo aspiran. Pocos lo lavan. Pocos lo enceran. Pocos piensan que es suyo. Pocos lo tratan como si lo fuera. Porque como dice Larry Summers, el presidente de la Universidad de Harvard, nadie nunca ha lavado un carro rentado.
Pero quienes saben que el país es suyo no viven con el lujo del descuido. Quienes han vivido años fuera de México saben lo que es andar con el corazón apretado. Lo que es caminar a pasos de pequeñas nostalgias y grandes recuerdos. Lo que es extrañar el olor y el sabor y la bulla y la luz. Lo que es querer tanto a un país que uno siente la imperiosa necesidad de regresar y salvarlo de sí mismo. Lo que es vivir pensando -de manera cotidiana- que los gobernados pueden y deben vigilar a quienes gobiernan. Que los partidos políticos pueden y deben reducir la violencia social y pavimentar la ruta democrática. Que la oposición puede y debe redefinir los términos del debate público. Que la clase política entera puede y debe fomentar la conexión entre la democracia y los ciudadanos. Que no es demasiado pedir.
Las soluciones están allí para ser instrumentadas. Las recetas están allí para ser aplicadas. Las reformas están allí para ser ejecutadas. Abarcan la reelección de los legisladores y la reforma política y la reforma fiscal y los juicios orales y la reforma a la Ley de Medios y la apertura de la televisión y la competencia en las telecomunicaciones y la lucha contra la violencia doméstica, entre muchas otras. Tanto por hacer; tanto por cambiar; tantos sitios donde amontonar el optimismo. El optimismo de la voluntad frente al pesimismo de la inteligencia. El optimismo de quienes creen que las cosas en México están tan mal que sólo pueden mejorar. El optimismo perpetuo que se convierte en multiplicador.
En El paciente inglés, Katherine murmura “nosotros somos los verdaderos países, no los límites marcados en los mapas, no los nombres de los hombres poderosos”. México no es el país de Andrés Manuel López Obrador o Santiago Creel o Roberto Madrazo. No es el país de los congresistas o los gobernadores o los burócratas o los líderes sindicales. Es el país de uno. El país nuestro. En el 2005 y siempre.
martes, marzo 08, 2011
De acuerdo con la voluntad divina
miércoles, febrero 09, 2011
Otro adiós
lunes, enero 31, 2011
Isolina
miércoles, enero 26, 2011
La india María
miércoles, septiembre 29, 2010
Fue un placer!
jueves, julio 15, 2010
martes, junio 15, 2010
jueves, junio 10, 2010
Insomnio
Mis dedos apestan. Mis sentimientos tambièn. Marchita, el alma sube la presiòn a 150 para tratar de no morir. Pero eso quiero.
Esta semana tuve dos duelos. El primero, darme cuenta de que para amar, ser pendejo serìa maravilloso, comparado con lo que soy. El segundo, si habìa resquicio de duda, es la certeza de que traer a alguien al mundo serìa una ofensa para èl, para mi, y para ella. Para la vida, para Dios mismo.
El egoìsmo del ser, le dije una vez. Y eso justo tengo hoy. La una y no puedo dormir, ni quiero. Como en el sueño, quisiera salir volando desnudo, con alas blancas sin puntas negras, y con plumas que no son de aves.
Hoy me añoro solo. Con el iPod a lo que da, con la copa llena, sin miedo al control, a la mueca en la boca, a ser juzgado. Pero estoy acompañado. Dormita esperando controlar el dolor de anginas.
A mi me duelen tambièn. Hartas, segurito, de no poder gritar, de no poder tomar lo ke kiere y de callarse ante pendejadas. Hartas de no sentir amor por sì mismas, al estilo de mis gònadas inferiores. Maricotas al fin, no tengo el valor para decir basta, yo no quiero esto, yo no soy esto.
Y ni para llorar. Al menos, antes, para eso era bueno.
viernes, abril 02, 2010
Sordomudo
lunes, marzo 01, 2010
2 de marzo de 2002
Dormí todo el camino y me despertó una risa de Victoria Ruffo, quien reía con su esposo. La entrevisté en el área de espera de maletas del aeropuerto de Los Cabos, y al llegar al hotel, envié la nota a la agencia. Le pedí a una chica llamada Estrella que me marcara, porque costaba 180 pesos el minuto de larga distancia nacional, unos 17 dólares.
Salí a la alberca y me encontré a mis compañeros de viaje, todos con sus parejas. Así lo marcaba la invitación. Me encontré incluso a Claudia y Arturo, de Ciencia, quienes me saludaron como son ellos, muy atentos. Recuerdo que, por alguna razón, algún reportero de algún medio, quien estaba con un amigo o algo así, se rió de mis sandalias y short playero.
Me salí de la alberca y me fui a la orilla del mar. Tanta belleza y tanto vacío. Lo que yo sentía era una soledad del diablo. Metí los pies al mar y me fui a mi cuarto. Estaba en la planta baja, y daba a un jardín, y oía claramente el sonido de las olas. No quería llorar, ni podía. Estaba como bloqueado. Esa noche hubo una cena al aire libre, y recuerdo el tamaño de la Luna. Además, estaba rojiza. Le tomé muchas fotos.
Al día siguiente, un seminario. Recuerdo poco. Por la tarde, ballenas a bordo de un barco pirata en el que hacía mucho, mucho frío. Vi como las parejas se acurrucaban unas con otras y, mucho tiempo después, años de hecho, recordé que ahí te vi por primera vez.
Luego langosta, y una escala en el centro de Cabo San Lucas. Ahí te vi por segunda vez. Agitabas la mano incitando a todos a bajarse, ahí me fijé en tu sonrisa. Franca. Abierta. Yo no iba a bajarme. Hoy sé que me bajé por ti.
Luego un bar, tercera vez. Luego el Squid Roe. La Diosidencia. Bendita la hora. Una pista atestada que se volvió solo tuya y mía. 5 cervezas. Segundo piso. Cielo estrellado. Time of my life en el aire, no I never felt like this before, yes I swear it's the truth and I owe it all to you... Un beso con sabor a sal. ¿Cómo te llamas?
Literalmente, vimos estrellas, una luna de película de hombre lobo y una comunión de almas junto al mar. Nunca he sido más feliz. Me sentí tuyo abrazado a tu pecho, y te sentí mía. Nos despertó el frío de la playa. El resto es lo importante. Cuando el mar, la luna y las estrellas no están, ¿cuántas somos capaces de ver?
jueves, febrero 25, 2010
Mi Tía Isabel
El mar cercano se embravecía y una ola entraba a la plaza y nos mojaba sólo los pies, excepto a mí porque los subía a una banca. Me iba a una banca más lejana, y en eso venía mi Tía Isabel, con una falda azul y una blusa rosa a recostarse en la banca con la cabeza en mis piernas. La veía más llenita, con menos canas, como se veía mucho antes de que muriera. Pero estaba viva, y me abrazaba muy muy fuerte, y yo la abrazaba también. Duramos como un minuto abrazados fuertemente.
Me desperté feliz. En Chicago, en 2004, la vi por última vez. Gracias tía por todas las grabadoras con mañanitas puestas los 4 de agosto en los tendidos de Arroyo Chico. Gracias por lo último que me dijo: "Ahora ya se sabe el camino mijo, Dios me lo bendiga".
sábado, febrero 06, 2010
Dinorah
Zona de confort. Casi que me tiene hasta la madre esa frasesita. Aparte, cuàl puto confort.
Luego de un par de plàticas que fui a dar al Olinca, un desayuno en el nuevo El Mercado de Altavista me puso a pensar aùn màs en las decisiones que estoy queriendo tomar. Me empoderò.
Hay Diosidencias, me dijo Ana Marina una vez. Las creo. Tanto como hoy no creo en ti, Mau.
Dinorah, si tan solo supieras un 10 por ciento de lo que me pusiste a pensar hoy, te sentirìas orgullosa. Por eso sè que en el fondo no soy tan bruto, y que una evaluaciòn hecha desde fuera me sacude màs que las mùltiples hechas desde dentro. Gracias de verdad por ser. Por ser tan franca, por no andarte, ni tantito, por las ramas.
Venga lo que haya que venir, la decisiòn està tomada, y fuerte. Ellos se lo pierden, sin falso orgullo. Me creo lo que soy.
jueves, enero 07, 2010
Roberto Barrios
Dios se veìa majestuoso. Humilde, pero espectacular, parecìa decirme que estaba ahì y todos lo sabían en el pueblo, pero que su constante eco había hecho que los pobladores, que piden monedas a los visitantes, lo olvidaran.
¡Cómo se puede olvidar que Dios vive en tu pueblo! pensé. "Como tú te olvidaste de ti", susurrò entre cascadas. Como olvidé que las horas se convierten en años. Como olvidè soñar.
Y Dios se dio la vuelta y se fue.
martes, diciembre 15, 2009
Sefardita
Según la Rae:
sefardí.
(Der. del hebr. ṣĕfārad, topónimo que la tradición identificó con la Península Ibérica).
1. adj. Se dice de los judíos oriundos de España, o de los que, sin proceder de España, aceptan las prácticas especiales religiosas que en el rezo mantienen los judíos españoles. U. t. c. s.
2. adj. Perteneciente o relativo a ellos.
3. m. Dialecto judeoespañol.
Chale. Ya me puse a pensar en qué puede haberle hecho pensar a esa señora que subió a tres niños de un brazo a su camioneta y nomás no doy. O seguro ni sabía qué era y nomás le sonó feo.
viernes, diciembre 11, 2009
viernes, noviembre 20, 2009
¿Qué hice mal?
"Angel era igual", me dijiste hace años, y en el fondo se què es eso. Perdòn, aprendì, mamè, que la vida se gana trabajando, no huevoneando. Cuànto los envidio! Pero no es excusa, lo sè tambièn. Y no la tengo fàcil. Quisiera que esta botella de vino barato ahogara todo el dolor, pero voy por la segunda y nada. Y los cierres apremian, y las juntas, y las sobajaciones, o como se diga, tambièn, mañana, al rato. Ké hago ahí, de verdad soy tan pendejo y tan poco inteligente?
Sufro al verte infeliz. Eres el motivo de mis màs grandes alegrìas, y tambièn de mis màs grandes dolores. Casi morì cuando dijiste no, casi me quito la vida y no me siento orgulloso de eso. Y casi me orgasmee cuando di gracias Dios por la coincidencia en el Mar de Cortès, y por tus ojos, y por tu boca, y por tu entrepierna. Y porque pensè que desde ese momento estos otros momentos desaparecerìan.
Hoy esto a punto, como muchas veces, de mandar todo a la chingada, incluso a mi, incluso a ti! Y para variar, no tengo huevos. Mamà Gila, tal vez es tempo de soñarte otra vez, con tus anuncios de muerte, con tus velos negros y azules, pero esta vez por mì, por nadie màs, por favor. Solo te pido que me dejes ver màs grandes a mis Chukys, pero si puedo verlos desde allà, pues es hora. Estoy listo para morir. Sòlo te encargo que mi madre no sufra.
Ojalà estè junto a ti, pero si me va a tocar abajo, mejor aguanta. Hay dos o tres cosas lujuriosas que no he hecho aùn.
Les encargo a mi amor. Todo lo que tengo, mucho, poco, tonto, valioso, es de ella y de nadie màs. No pude hacerla feliz, y por ese hecho, de ella es todo. Bueno, el carro es de Abe, promesas son promesas. Todo lo demàs es tuyo amor.
¿Era Nervo? Vida, todo me debes, vida, no estamos en paz.
jueves, septiembre 10, 2009
sábado, septiembre 05, 2009
Me dueles
¿Còmo hago para que me entiendas?
viernes, septiembre 04, 2009
Jueves de pesero
Cada jueves se ha vuelto una aventura para mi, lejana a la tranquilidad y al cd a todo lo que da en mi carro. Subo y tengo que agarrarme en chinga, pasarme el messenger bag al frente y, nomás por no dejar, adivinar entre las cabezas si hay algún lugar para sentarse, o un esquina para no sentirme torteado por el paso de todos los que se suben. Cuando encuentro un lugar bueno, me gusta observar las caras de mis compañeros de viaje en tan comunista transporte.
Hay señoras muy arregladas, estudiantes, personas muy mayores, gente con la cara de quién no encuentra empleo, y gente con una expresión de tanto relax que invariablemnte trato de imaginarme qué pasa por su cabeza para no sentir estrés.
Los vendedores son cosa aparte, y justo por ellos pensé en escribir sobre mis jueves. Ya me sé de memoria a la chava que se sube entre Insurgentes y Amores a pedir para comprar "gasas y material de curación para el equipo de rescate en el que trabaja" (sic), un guitarrista con el talento que yo tengo para hacer dietas, una mujer que aterra un poco y que cuenta unos cuentos sin sentido, el chavo que vende chocoloates porque dice ser VIH positivo, y uno que otro vendedor de cds con una grabadora colgada al cuello.
El regreso es casi siempre en aventón, en taxi o caminando, pero anoche por alguna razón luego de caminar dos cuadras, mis pies se negaron a seguir. Entonces paré un micro, mucho más pequeño que el trolebús que tomo en las mañanas, y ya arriba había un chavito vendiendo "obleas rellenas de crema de cacachuate marca La Rosa".
Si hubiera estado bañado y bien vestido, el chavo sería igualito a cualquiera de los modelos que contratamos para las portadas de los suplementos. Aún así, llamaba la atención. Me fijé en la cara de una señora que iba con sus esposo, no dejaba de mirarlo, como hipnotizada por él. Dos chavitas adolescentes se daban de codazos, y los chavitos que las acompañaban veían sólo de reojo como sin reparar en que el galán vendedor les quitaba la atención de sus prospectos.
El poder de la belleza es cierto. No miento cuando digo que el 80 por ciento de los pasajeros le compró algo, récord más alto que haya visto logrado por cualquier vendedor de camión en mis jueves de camiones.
jueves, septiembre 03, 2009
El recuerdo se desató por un estado de facebook de un primo: "has been married to the coolest person on earth for 3 years". Y pensé que eso no sería algo que pondrían de mí jamás.
jueves, agosto 27, 2009
Claudia
Suspiré y me autodescalifiqué. Era más flaco que nadie en la escuela, y eso me hacía siempre sentir incómodo. No me la quité de la cabeza todo ese día, ni al día siguiente. Investigué y era la tercera secundaria que la aceptaba pues la habían expulsado de todas. ¡Más horny aún!
Gané tanta seguridad en mí, por el simple hecho de que se hubiera fijado en mí, que dejé de traumarme por ser flaco, alto y "guerito". Hice fortaleza mi debilidad. Y aunque ni así pude lograr jamás que mi papá me prestara la camioneta para impresionar a otros amores adolescentes, llegué a segunda y tercera base sintiéndome más hombre y menos niño.
jueves, agosto 20, 2009
Nada
miércoles, julio 15, 2009
¿Cenamos?
Mi paisano
Yo no podía abrir los ojos, el cambio de horario y 2 vuelos en viernes en la noche, después de un jueves "universitario" y con dos cierres, para llegar a una boda de día a Chicago, y luego correr, 20 horas después a un junket en NY, acabaron con el ápice de ímpetu que me quedaba para soportar chingaderas.
- "No estoy sordo, pendejo". Y ahí fue cuando supe que no se debe retar a migración en un aeropuerto en alerta naranja. A ver cómo me va el fin en LA!